Héctor D. Sánchez

Asistir a esta copa América fue toda una aventura y es triste darse cuenta de la situación social y política por la que atraviesa esta nación sudamericana que no estuvo preparada, por más que su gente amable y hospitalaria se esmeró, para atender a los visitantes en un evento de esta magnitud.

La infraestructura y atención turística es deprimente, sumada a la mala organización del comité organizador y cuartos de hotel viejos que presumen varias estrellas, cuando en realidad son hoteles estrellados. De verdad que los “hotelitos de paso” en cualquiera de nuestras ciudades son mucho mejores.

Y qué decir de las agencias de viajes mexicanas “Patito” (Global Air) que se anuncian en diarios y revistas organizando viajes relámpago y mal planificados con tal de obtener, a toda costa, jugosas ganancias y lucrar con las ilusiones de muchos aficionados que amamos el futbol y que fuimos capaces de vender nuestra alma al mismísimo diablo y soportar su falta de atención y calidad de servicio por ver jugar al tri fuera de México.

Ahora entiendo por lo que tienen que pasar nuestros paisanos cuando deciden, a como dé lugar y con una sola botella de agua, frituras y miles de ilusiones encerrarse en la caja de un trailer por horas y días con tal de buscar “el sueño americano”.

Recién arribé en  Puerto la Cruz la prensa venezolana daba cuenta de la desaparición de 25 mil boletos.  No debe tardar en aparecer el grito de los aficionados: ¡boleto por boleto! me dije, pero también pensé: ¿y si el boleto que ya tenía en mano era clonado o made in “Plaza Santo Domingo”?

Afortunadamente no fue así y después de un tortuoso viaje de 8 horas en avión, larga escala obligada por migración y un chofer con música a todo volumen con alma de micribusero, pudimos arribar al estadio, ya que el camión contratado por la compañía  “air patito” sólo pudo dejarnos a 2 kilómetros cuando el termómetro marcaba 30 grados Celsius. Qué amables ¿verdad?.

El partido fue tan aburrido que ya para el segundo tiempo la tribuna mexicana mejor optó por enseñar a nuestros amigos venezolanos a hacer la ola, cantar el cielito lindo y gritar un ¡aaah!... acompañado con zapateos en el suelo y fuertes movimientos de las palmas de las manos, que terminan con la palabra pu…! cada vez que el portero del equipo contrario se tarda en despejar el balón. (invento original de las porras de los Pumas, me consta)

También no podía faltar la porra de un grupo de mexicanos a una bella y despampanante  mujer brasileña que se atrevió a destaparse debido al fuerte calor que azotaba.

Una porra a la Guera…una , dos, tres… ¡Guera, si me muero quien te encuera! alguien más osado concluyó.

El balón iba y venía sin ton ni son y la verde no podía con Chile y el momento de la noche estaba por venir.

“Ya va a caer, ya va a caer, este gobierno va a caer” era el canto y grito de cientos de aficionados venezolanos que expresaban consignas contra un grupo de jóvenes que portaban camisas y gorras rojas en apoyo al gobierno de Chavez, los cuales ocupaban una sección preferente en el estadio y que eran dirigidos por un porrista con micrófono en mano.

Seguramente la idea la tomaron de uno de los pocos partidos políticos  mexicano que llevan acarreados a alguna manifestación o a un mitin de apoyo.

Silbatazo final,  México 0 Chile 0.

Ya será para la próxima que veamos un gol me comentó un “compa” mexicano que también viajó más de 3 mil 800 kms. y que ahorró por más de 1 año para seguir a la verde hasta aquí.

¡Tanto para esto, ya ni la chin…! concluyó.