Luis Manuel López
La Heroína
Hasta 1970 ninguna mujer entraba a los pits en Indianápolis.Una revista, Womans World, interpuso una demanda para que su reportera de deportes pudiera tener acceso sin restricciones a la carrera del siguiente año y ganó en la Corte. Así, Mari McCloskey, la reportera, pisando apenas allá -al otro lado de la línea amarilla- cerca de los autos, del peligro y de los chicos, rompió la más fuerte barrera de género de la que el automovilismo americano se hubiera dado cuenta hasta entonces. Con facilidad, alguien podría haber dudado si aquello fue por genuino interés en las carreras de autos, o simplemente por un capricho vinculado a una época de logros sociales en Estados Unidos, en especial los relacionados a los derechos civiles. Sin embargo, la elevada cultura automotriz norteamericana permitió que desde ahí se atendiera la genuina necesidad de sus mujeres, para poder encontrar un punto de contacto con el hasta aquellos días lejano y masculino deporte de la velocidad. Después siguieron las damas que, con más sobresaltos que otra cosa, intentaron competir en el mundo de los muchachos tipo Indy. Por ejemplo: Janet Guthrie, la primera que corrió las 500 Millas entre los hombres -porque no se podía de otro modo- Desire Wilson, Lynn Saint James, Sarah Fisher y últimamente Danika Patrick. Mientras en la tierra de la libertad, la Corte había metido una reportera a la médula ósea de las 500 Millas generando una noticia de primera plana en los diarios, en Europa la lucha automovilística de género tenía andando un buen rato. La lista de mujeres en competencia comenzó con la checa Elizabeth Junek, quien participó en carreras de carretera en los locos años veinte. Junek, sumergida en el comunismo de la europa oriental, tomó clases clandestinas de manejo en Praga y para 1926 estaba compitiendo a la altura de los divos de aquella época como Luigi Fagioli, Tazio Nuvolari entre otros. La historia del legendario circuito alemán de Nürburgring registra en 1927 que Junek ganó una carrera en la categoría sport de 2 litros. Para su desgracia, era considerada la categoría de promoción de los grandes autos modificados. Esa no pudo ser la primera gran victoria de una mujer en las carreras, porque ocurrió en un evento considerado de segundo grado. Maria Teresa de Philippis, en la F-1 normalizada de los años cincuentas, abrió una puerta de acceso femenino pero fue otra italiana, Lella Lombardi, quien después acumuló el récord de 12 arrancadas de Gran Premio y únicamente medio punto como recompensa. Fuera de la cabina de pilotaje durante los ochentas, una mujer, Dianne Holl, emprendió en un área de oportunidad distinta: al lado del genio máximo del diseño por aquellos años, el inglés John Barnard. El creador de los autos desintegrables de fibra de carbono, exitosísimo con el revolucionario chasis MP4/1 de McLaren y sus derivaciones, incluyó en su equipo de trabajo a Holl, ingeniera de elevada reputación técnica. Dianne fue el brazo derecho de Barnard en la creación y desarrollo de los famosos e innovadores pontones "botella de coca-cola" y de la controversial caja de cambios semiautomática de Ferrari. A partir de entonces, la ingeniería mecánica, la electrónica, los neumáticos, el análisis de materiales y otras áreas de trabajo fino en Fórmula Uno han sido tocadas habitualmente por las delicadas manos de mujeres-racing. Hace tres o cuatro años, muchos pensábamos que con la irrupción de una chica linda, Danika Patrick, protegida por Bobby Rahal, los triunfos iban a llegarle como en cascada. Llegarían, pero, solo con el fin de envolver de marketing un nuevo gran producto americano. Barras y estrellas de por medio. Danika, de arranque, fue un impacto pero de pronto, no funcionó. La estrategia mercadológica se venía a pique. Patrick estuvo simplemente cerca. Su manejo fue, si acaso, regular pero hasta ahí. Sus resultados dictaban que faltaba mucho aún para pensar en una verdadera leyenda del volante. Cargada de frustración rompió su relación con Rahal y emigró a un equipo igual o más poderoso, el de Michael Andretti, donde enfrentaría como coequiperos a pilotos de peso completo y sin protección alguna. El final, aparentemente, estaba cantado. Pero, Danika ganó una carrera de primer nivel internacional y hoy, como figura épica, abandera una añeja lucha en los Estados Unidos. Aquí viene el marketing: ¿qué revista americana se atreverá este mes a no darle portada? Ni dudarlo: Danika, la heroína. |