Luis Manuel López
¡Nada de ruido! En estos días, ¡ni lo miren! Por favor, no le hagan nada de ruido a Checo Pérez.Sergio destaca sólidamente en la categoría más importante de desarrollo de pilotos del mundo. Entonces, automáticamente, surge la idea de verlo cuanto antes probando un Fórmula Uno. Pero, distraerlo con falsas expectativas de ascender de un solo golpe al pináculo del automovilismo, sería muy peligroso. La cantaleta de que por la F-3 inglesa pasaron pilotos como Senna, Brundle, Mansell, y otra media docena más que descollaron en la F-1 no tiene significado en nuestros días. Sobre todo cuando únicamente en casos extraordinarios los pilotos de la F-3 tienen pase directo a la F-1, por ejemplo Senna-Brundle en 1983. Los últimos. Las comparaciones con otros pilotos mexicanos que han corrido la misma serie, también carecen de significado aún cuando hubiera sido apenas hace unos meses. Sergio Pérez es un producto automovilístico que goza de una pureza casi virginal, y no debe ser tocado más de la cuenta en estos momentos. Es el caso de un muchacho que ha respondido a una afición descomunal, que le llegó desde el seno familiar y que no ha costado cualquier cosa. Sergio, por ejemplo, es un niño que no ha tenido infancia. Fuera de coches, si ha podido jugar al futbol un poco, es mucho. Se le veía chiquitito, asomarse por encima del volante para ver a los veintones que iban adelante y pasarlos uno por uno hasta ver los cuadros blancos y negros primero que nadie. Y se acostumbró. Tuvo que caminar junto a muchos competidores más grandes que él como hábito. Demostró tener más de valor y manos que muchos de los ya encumbrados en el terreno nacional. Debió emprenderla solo en los Estados Unidos para poder correr en una categoría de Karts que le diera algo más de lo que había probado en México. Compitió en donde se le presentara una oportunidad, ya sea que esta llegara a tiempo, o destiempo. No había que pensarlo. Se fue a vivir en Alemania y se adaptó a una forma de vida completamente distinta a la de su natal Guadalajara. La familia no pudo más que su ambición por correr. Checo seguramente vio rodar lágrimas en el rostro de su madre y sus hermanas pero tuvo que aprender a endurecer el corazón. Emigró al medio más competitivo que el automovilismo conoce, la Fórmula Tres de Inglaterra donde han saltado las liebres más grandes. Y nos demuestra hoy que en ese piloto pequeñito, Sergio Pérez Garibay, con cara de párvulo travieso, se han invertido muchos sacrificios, mucho esfuerzo mental, sentimental, físico. No es poca cosa tener a un talento tan grande. De verdad no es poca cosa. Así que, entonces, guardemos silencio mientras Sergio trabaja. Dejémoslo, como a un artista, crear lo que mejor pueda. Luego, disfrutemos, que nos va a sorprender. |