Eugenio Díaz
Historias paralelas
Y no aguantaron más.En el Valencia, un equipo con historia, con títulos, con presupuesto no se puede dar el lujo de ser humillado en la liga, inclusive con posibilidad de descender. La Copa del Rey sabe a poco. El festejo duró muy poco. Los pecados capitales se pagan con la cabeza, en este caso, la cabeza del verdugo. Este caso, este golpe de autoridad que uno se imaginaba llegaría antes y que sobre pasó sus propios límites, finalmente, se saneó. Se fue el técnico Koeman y con el todo su cuerpo técnico, el director deportivo, el secretario técnico y lo que falta. Un principio fundamental de la administración habla de los riesgos de cambiar una estrategia sobre la marcha, a mitad del camino. Lo que olvidaron algunos expertos sobre este apasionante tema es que el error se duplica cuando se mantiene una mala decisión a costa de todo, o casi todo. Valencia, club fundado en 1919 y que cuenta con seis títulos, el último en 2004, está a dos puntos del descenso, a dos puntos de la catástrofe. Caso similar se vive en América. Muchas cosas se asemejan, muchos aspectos y detalles se repiten. Hablamos de lo mismo, de futbol, de malas decisiones, de malos momentos, de soberbia, de los caprichos de unos y la angustia de muchos. América vive su peor crisis en 90 años. América, o mejor dicho, los responsables de un club generador de grandes descargas de odio, de pasión, se aferran a algo sin sentido. Ya se tocó fondo, ya se pudrió lo poco bueno que quedaba por salvar. Es tiempo de emular lo hecho por la mesa directiva del Valencia. Es hora de un golpe de autoridad, de sanidad, de higiene mental para todos. Se tienen que ir todos, construir un nuevo club; moderno, de vanguardia internacional en los terrenos que poseen en el Ajusco. Mucho cuidado con edificar sobre arenas movedizas. El salitre de las derrotas, de las luchas internas por el poder, tiene que derrumbarse, que liquidarse de un solo golpe, comenzando con la gente de pantalón largo, pasando por los futbolistas, el vestidor y hasta la utilería. La gente rescatable tendrá se cuenta con los dedos de una mano, pero inclusive ellos requieren de un descanso, de un respiro fuera de los reflectores. Borrón y cuenta nueva, así de claro, así de fácil, así de difícil. |