Otro gran capítulo
Intentará Gigantes en su historia
Notimex
México, 1 de Febrero de 2008
Última actualización: 17:06
La historia de la NFL no se puede visualizar sin la presencia de Gigantes de Nueva York, equipo fundador de la vieja Liga Nacional donde su legendario dueño, Wellington Mara, luchó para que esta liga deportiva fuera la más exitosa del mundo.
Ahora el conjunto neoyorquino se encuentra muy cerca de escribir otro capítulo brillante en su longeva historia, que data de 1925 con seis campeonatos (cuatro en la vieja liga, 1927, 1934, 1938 y 1956), así como dos Súper Tazones XXI y XXV.
Gigantes está a unos días de disputar el Súper Tazón XLII contra Nueva Inglaterra, en busca de su tercer anillo de Súper Tazón para unirse a un grupo donde aparecen Pieles Rojas de Washington, Raiders de Oaklans y sus rivales del domingo, Patriotas.
Una franquicia legendaria que ha vivido años amargos, y momentos gloriosos, que ha sabido levantarse tras duras caídas y que ha gozado con las mieles de la victoria, como fue tras vencer al conjunto de New Britain, el 4 de octubre de 1925.
Aquel día fue el inicio de una gran historia, Gigantes blanqueó a New Britain 26-0 y se enfiló en apenas su tercera temporada en la antigua NFL a la conquista de su primer título, tras finalizar con el mejor récord de la liga 11-1-1.
En esos días Gigantes tenía como estadio el campo Polo Grounds, donde tuvo su sede hasta 1955, y fue precisamente en este campo en el que consiguió sus tres primeros títulos, el segundo de ellos en 1934 contra Osos de Chicago.
Esa tarde es recordada con el nombre de "El juego de los Tenis", el frío congeló el Polo Grounds por completo, era imposible correr, los jugadores se resbalaban y tenían que arrastrarse para ganar yardas.
Osos ganaba al medio tiempo 0-13 y parecía imposible que Gigantes pudiera regresar en el partido, pero los jugadores le pidieron permiso al coach Steve Owen de utilizar tenis, pues con los tacos que utilizaban era imposible correr sobre el hielo.
El entrenador aceptó y su equipo salió al emparrillado para la segunda mitad con tenis, el resultado final fue Nueva York 30, Chicago 13, ante la algarabía de los aficionados que vieron coronarse por segunda ocasión a sus Gigantes.
En 1938 hubo triunfo sobre Empacadores de Green Bay para obtener su tercer título y concluir una década de triunfos, pero fue hasta 1956 cuando Gigantes volvió a la cima de la liga, comandado por un gran staff de coacheo y brillantes jugadores.
Jim Lee Howell era el entrenador en jefe y a su lado estaban el coordinador ofensivo Vince Lombardi, y como coordinador defensivo Tom Landry, con un extraordinario grupo de jugadores como el corredor Frank Gifford y el linebacker Sam Huff.
El 30 de diciembre de 1956, ya jugando en el Yankee Stadium, Nueva York apaleó a Osos de Chicago 47-7, que en aquella temporada tenían como coach a Paddy Driscoll.
Los neoyorquinos llegaron después de ese campeonato a cinco finales más, pero se fueron con las manos vacías al caer ante Potros de Baltimore en dos ocasiones, otras dos contra Green Bay, y en la última de ellas con Chicago en 1963.
En 1958 en el mismo Yankee Stadium Gigantes se enfrentó Potros de Baltimore, lidereado por Johnny Unitas, en el que es considerado el "Juego del Siglo", y en el que perdió en tiempo extra 23-17.
Tras esos años dorados, el equipo vino a la baja y por más de 20 años pasó sin pena ni gloria, hundido en el anonimato y humillado por sus rivales de División, principalmente Vaqueros de Dallas, que comandado por su antiguo coordinador ofensivo dominó la década de los 70.
Fue hasta 1983 con la llegada de un hasta entonces desconocido Bill Parcells que las cosas comenzaron a cambiar, este entrenador en jefe se rodeó de un grupo de asistentes, jóvenes de mentes brillantes que iniciaron la reconstrucción de los Gigantes.
La combinación de estas personas y una extraordinaria camada de jugadores, Phill Simms, Joe Morris, Mark Bavaro, Lawrence Taylor, Harry Carson, Carl Bank y Pepper Johnson, dio como resultado alcanzar en 1986 el título de la Conferencia Nacional, después de borrar de la cancha a Pieles Rojas de Washington 17-0.
Esa maquinaria dominante finalizó la temporada regular con marca de 12-4, la mejor en los últimos 23 años de la franquicia, derrotando primero a la dinastía reinante en esa década, 49ns de San Francisco, que sufrió el embate de Gigantes 49-3.
Luego de superar a San Francisco en el Juego Divisional acabó por completo con Washington en la Final de Conferencia, y en el Súper Tazón XXI tuvo como rival a Broncos de Denver.
Esa tarde fue para Phill Simms, quien dio un gran juego al completar 22 pases de 25 intentos para 268 yardas y tres envíos de touchdown, marca de todos los tiempos que permaneció vigente por 21 años.
Fue una demostración total de poder por parte de Gigantes, Wellington Mara vio nuevamente a su equipo coronarse, después de años amargos, la "Gran Manzana" tenía al campeón de la NFL y lo disfrutó como pocos.
Las lesiones y los años comenzaron a hacer mella en muchos jugadores, perdieron a su corredor Joe Morris y el juego terrestre, base del equipo, se vino abajo, hasta que apareció un veterano que había vivido hasta entonces sus mejores tiempos con Cardenales.
Otis Anderson llegó al equipo y se convirtió de inmediato en el caballo de batalla, todo parecía ir viento en popa, hasta que vino la lesión de Phill Simms y por un momento el mundo se vino abajo.
El milagro se dio cuando apareció un mariscal de campo llamado Jeff Hostetler, quien contra todo pronóstico guió al equipo hasta el Súper Tazón XXV, donde enfrentaban a unos explosivos Bills de Búfalo.
El final es para muchos uno de los más dramáticos en la historia de la NFL, con unos segundos en el reloj Scott Norwood apareció para fallar el gol de campo que pudo darle la victoria a los Bills, cuando su intento se fue desviado al lado derecho por algunos centímetros y Nueva York se quedó con la victoria 20-19.
Luego de esa angustioso título Parcells dejó al equipo, y con el los triunfos, hasta que apareció Jim Fassel, quien ya había trabajado con el equipo durante la época de Parcells, como entrenador de quarterback fue el mentor de Phill Simms.
Fassel tuvo la fortuna de contar con un valioso grupo de jóvenes jugadores de gran talento, como el mariscal de campo Kerry Collins, el corredor Tiki Barber, el receptor Amani Toomer y el ala defensivo Michael Strahan.
Bajo su mando nuevamente Gigantes volvió a los primeros planos con el título de su División en 2000, al concluir la campaña con marca de 11-5 para después superar a las Aguilas de Filadelfia en el Juego Divisional 20-10.
En la Final de la Conferencia Nacional aniquilaron por completo a Vikingos de Minnesota 41-0 y se enfilaron al Súper Tazón XXXV, pero después se toparon contra una pared que fue imposible derribar.
Cuervos de Baltimore y su gran defensiva hicieron ver mal a Gigantes, que sucumbió 34-7 ante el poderío de los emplumados, que se alzaron con el triunfo y con el Trofeo Vince Lombardi.
Esa derrota no pudo ser superada por el equipo y Fassel dejó el cargo para que la directiva decidiera traer a Tom Coughlin, hombre que venía de tener momento brillantes con el equipo de expansión Jaguares de Jacksonville, al que metió en dos ocasiones a la final de la Conferencia Americana.
Coughlin contó con el apoyo total de la directiva que hizo todo por traer al joven mariscal de campo Eli Manning, y a su alrededor comenzó la construcción de una ofensiva que prometía ser explosiva.
Plaxico Burress llegó vía agencia libre para convertirse en la pareja de Amani Toomer, Jeremy Schockey fue reclutado en el Draft Colegial para ser el ala cerrada titular, Tiki Barber se retiró y su lugar fue ocupado por un tanque de nombre Brandon Jacobs.
En la defensiva Michael Strahan recibió la ayuda de un ala defensivo con características similares a las de él, Osi Umenyiora, además dos jóvenes arribaron al equipo para integrarse a la impresionante línea defensiva, los tackles Barry Cofield y Fred Robbins.
Con estos hombres como base, Couhglin comenzó la temporada con los pronósticos en su contra, pues Vaqueros de Dallas los derrotaron en la primera semana, pero poco a poco y sin el crédito que se merece Gigantes fue avanzando. (FCR)
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