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Por
primera vez Ana siente la seguridad del engaño, los
celos y la insoportable pesadilla de dudas, reproches,
dolorosas verdades, vergéenzas, críticas y sobre todo,
la sorpresa, el desengaño: Daniel tiene otra mujer;
una mujer a la que tal vez ama.
Ana
logra confesar su pena a Clarisa, su mejor amiga. Finalmente
acepta que Daniel lleva un tiempo distante, desinteresado
y olvidadizo de los detalles amorosos que tuvo en el
pasado.
Fue aquel Daniel quién ganó por siempre el amor de Ana,
aún ahora que el dolor la embarga y la confusión la
domina, siente una fuerte pasión por su esposo, una
pasión que Daniel disfruta con otra. Daniel, todavía
más confundido, promete a Patricia que se divorciará,
pero en el fondo sabe que Ana es El Amor de su Vida.
Con Patricia vive la pasión y la frescura de una nueva
vida, con Ana la estabilidad cotidiana de la rutina
y la felicidad que le trae su hija Ana María. Daniel
plantea la separación a Ana y la llevan a cabo.
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Clarisa
habla con Patricia para que se aleje de Daniel y descubre
que la amante ha quedado embarazada.
Después de un sinnúmero de dificultades e inconvenientes
Ana y Daniel se reúnen. Patricia decide mentir sobre
el padre de su hijo y dice que es Leopoldo -cuñado de
Daniel, esposo de la hermana de Ana-, quien no ha podido
procrear con su mujer y desea más que nada un heredero.
Ana descubre la verdad y decide dejar finalmente a Daniel
y pugnar por el divorcio. Esto llevará a una separación
nada amistosa y que enredará las cosas aún más, ya que
Daniel sigue buscando consuelo en otras mujeres y muy
cercano a él se encuentra a Clarisa quien constantemente
lo escucha y lo aconseja.
Ana rehace su vida y, poco a poco, va armando los pedazos
destrozados hasta poder así llegar a encontrar al Amor
de su Vida.
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