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Una
mujer se detiene ante un espejo, se pregunta,
inquiere a las huellas en que se han convertido
sus ojos, y lo que ve la paraliza. El reflejo
del cristal le habla de una historia llena de
sueños, promesas, hijos, bienestar, pero vacía
de pasión. Esa mujer es María Inés. Mira su pasado.
Nada de lo que le ha ocurrido en su veintisiete
años de matrimonio fue movido por sus propios
sueños. Su vida ha sido dedicada a los suyos;
a su esposo, sus hijos.
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Cumple 50 años y su marido ha encontrado en otra, a la que le
dobla en edad, la intimidad y la frescura. Para la otra, la
amante, el prodigio de una vitalidad que se pensaba perdida,
para ella, el cansancio, el fracaso. Ese hombre es Ignacio San
Millán.
María Inés mira su presente y descubre la soledad a pesar
de Paulina, su mejor amiga, quien la alienta a seguir viviendo.
La rodea el rechazo de sus hijos y de una madre que la acusa
de no haber sabido mantener unida a su familia. Ella es Mamalena.
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Pero
María Inés no está sola. Hay alguien que la busca, la persigue
para darle un lugar en su vida y darse una oportunidad para
lo que se creía imposible. Un hombre joven al que le lleva
veinte años. Este hombre es Alejandro Salas. Escritor, padre
de un hijo y dueño de muchas ganas de jugarle un nuevo lance
a la vida, Alejandro es un hombre de su tiempo, convencido
de que el amor no tiene edad y que lucha tanto en sus afectos
como profesionalmente contra cualquier hipocresía, mentira
o prohibición.
Esto es Mirada de Mujer. Una historia íntima que ninguno de
nosotros había tenido la oportunidad de mirar desde el "ojo
de la cerradura". Mirada de Mujer es distinta, es actual,
es lacerante como sólo puede serlo un espejo.
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