Jamieson Greer, el Representante Comercial de EE. UU. —que en realidad funge como su Secretario de Comercio Exterior— viajó a México. Pero nadie quedó contento con su visita. Y es que, como les anticipé, Greer llevó malas noticias.
A las industrias automotriz y siderúrgica mexicanas les dijo que “los aranceles han llegado para quedarse” y que “nunca volveremos a un mundo sin aranceles”.
¡Imagínense!
Así, la visita fue vista más como un mensaje de endurecimiento que como el inicio de una negociación abierta.
Los empresarios mexicanos se quedaron muy preocupados.
Esto, naturalmente, ya abrió preguntas sobre cómo responderá México, qué efectos económicos tendría esta respuesta y qué instrumentos de defensa tienen los empresarios y el gobierno mexicanos ante una actitud tan negativa de Donald Trump.
En este ambiente, las preguntas son: ¿a quiénes les pegaría más fuerte este cambio de actitud de EE. UU.? ¿No que quería libre comercio?
Las industrias más afectadas serían la automotriz y la siderúrgica, porque ambas dependen fuertemente del mercado estadounidense: más del 50 % de sus exportaciones van a EE. UU.
Pero México no está manco y tiene formas de responder
México tiene varias rutas. La primera es una negociación técnica dentro del T‑MEC que busque excepciones sectoriales o cuotas libres de arancel.
México, además, podría proponer reglas de origen más flexibles para compensar costos y, sobre todo, presionar para que EE. UU. detalle los “mecanismos de ayuda” que mencionó Greer.
Además, recuerden que con Canadá, México aún puede —y debe— establecer una estrategia de presión conjunta.
La razón es que Canadá también quiere eliminar los aranceles de Trump.
Una postura trilateral podría aumentar el costo político para EE. UU. y forzar nuevas concesiones en sectores específicos.
Recibí en Palacio Nacional a la delegación de Estados Unidos encabezada por el embajador Jamieson Greer, Representante Comercial para las conversaciones con México acerca de la revisión del T-MEC. Seguimos avanzando positivamente. pic.twitter.com/cpRVeiyBsB
— Claudia Sheinbaum Pardo (@Claudiashein) April 20, 2026
Qué más podría hacer México para minimizar el impacto
México tiene más margen de maniobra de lo que a veces parece. Pero para eso necesita jugar muy fuerte la carta de la interdependencia agrícola.
México es el principal —o uno de los principales— compradores de granos de EE. UU.: maíz, soya, trigo.
Eso significa que los agricultores del Medio Oeste dependen de México para colocar millones de toneladas. Cualquier amenaza seria de aranceles permanentes o ruptura del T‑MEC golpea directamente a esos estados.
Recuerden que Brasil y Argentina son competidores directos de EE. UU. en maíz, soya y otros granos.
México podría empezar a aumentar gradualmente sus compras de granos a Sudamérica y negociar acuerdos sanitarios y logísticos para que el cambio sea viable.
Además, debería usar esa diversificación como palanca en la mesa del T‑MEC: no como amenaza vacía, sino como un proceso ya en marcha.
Eso no significa cortar con EE. UU., sino mandar el mensaje:
“Mi dependencia de ti es una elección, no una condena”.
Mientras tanto, hay que blindar sectores clave dentro del T‑MEC
Buscando capítulos o anexos específicos que protejan a ciertos sectores: el agro, las autopartes, los dispositivos médicos.
Además, hay que buscar mejores mecanismos de solución de controversias, hacerlos más ágiles para frenar aranceles unilaterales.
México también puede proponer cláusulas de estabilidad para inversiones ya hechas, con periodos de transición largos si se cambian reglas de origen o se introducen nuevos aranceles.
Pero también hay cosas que México debe resolver internamente
El otro problema para México son los impedimentos no arancelarios de los que EE. UU. lleva tiempo quejándose:
• Mejorar la infraestructura logística (puertos, trenes, aduanas) para que importar mercancías de otros países sea más competitivo, ágil, contemporáneo y, para importadores y exportadores, más barato. • Aumentar la productividad en sectores que hoy sobreviven solo por el acceso preferencial al mercado estadounidense. • Forjar nuevos programas de apoyo focalizados a industrias más expuestas a aranceles.
Con lo anterior, seguramente la presión política recaería en los estados del Medio Oeste estadounidense.
Esos estados forman el llamado “Corn Belt” o “Cinturón del Maíz”. Les llaman así porque son mayormente agrícolas. Imagínese: Iowa, Illinois, Nebraska, Kansas, Minnesota… todos querrían ayudar a México para ayudarse a sí mismos. Ellos se movilizarían y podrían presionar fuerte al presidente Trump a través de sus congresistas y senadores.
Al Medio Oeste no le conviene una guerra comercial con México, porque ellos serían los más lastimados.
La gran pregunta: ¿puede México realmente cambiar a Brasil/Argentina?
Cambiar proveedores a gran escala toma años, no meses. Por eso, el movimiento inteligente para-México sería empezar a diversificar ya, aunque sea en porcentajes modestos. Y usar esa diversificación como mensaje político en la revisión del T‑MEC:
“Si tú me tratas como socio estratégico, sigo comprando; si no, tengo opciones”.
La revisión del T‑MEC abre escenarios que van desde una renovación con ajustes hasta una renegociación dura con amenazas de ruptura.
Pero al final, lo importante es entender que México no está indefenso.