“No es penoso, es político”, fue lo que dijo Jesús Murillo Karam, ex procurador General de la República, al oficial investigador de la Fiscalía General de la República (FGR) al momento de su detención.
Horas más tarde, en ese inolvidable viernes 19 de agosto de 2022, otra involucrada en el juego político, Rosario Robles Berlanga, quien fue titular de la Secretaría de Desarrollo Social, salió del penal de Santa Martha Acatitla, luego de tres años de estar privada de la libertad.
¿Cómo se explican estos dos eventos? Algunos piensan en la justicia selectiva al tiempo que otros hacen énfasis en la puesta en escena, el show de la política con tintes electorales; otros destacan el trabajo y unos cuantos rememoran la inmundicia de los actos de corrupción.
Yo pienso en Murillo Karam: “es político”. Y, para entender lo político, traeré de la muerte a un teórico político alemán que tuvo a bien escribir una obra en la que trató de entender este concepto.
El concepto de lo político
En 1932, Carl Schmitt publicó 'El concepto de lo político', un libro en el que describió lo que pasa en situaciones ordinarias y lo que sucede en situaciones extraordinarias.
Schmitt explicó que cuando se trata de situaciones ordinarias lo que hace que las cosas “funcionen” es el Derecho: la Ley. Pero, cuando estamos en situaciones extraordinarias se suspende el Derecho porque las cosas lo rebasan.
Un ejemplo de situación extraordinaria por excelencia es la guerra. Cuando nos encontramos en Estado de guerra el Derecho es puesto en evidencia. El calor de las armas lo rebasan y se hacen cosas imprevistas.
En estas situaciones extraordinarias se hace lo que dice quien verdaderamente ostenta el poder y lo ejerce sobre la base de una relación primaria: amigo-enemigo.
Le hago el bien a mis amigos y le hago el mal a mis enemigos, este es su concepto de lo político.
Entre amigos y enemigos
Entonces, si se trata de situaciones extraordinarias, en el entendido de que no todos los días se compromete tanto al Derecho, es decir, la Ley, lo que muy probablemente ocurra es el decisionismo de quienes ejercen verdaderamente el poder, sobre la relación amigo-enemigo.
Y aquí está el reto para los defensores de la Libertad, el debido proceso y lo que sería, en pocas palabras, un Estado de Derecho fuerte: el ejercicio del poder.
Si soy amigo de quien verdaderamente ejerce el poder, es muy seguro que saque beneficio de esa situación y me dejen en libertad, luego de estar varios años en prisión.
Y lo mismo en el caso contrario. Si soy considerado enemigo de quien dice lo que se hace, entonces es posible que me detengan y me priven de la libertad, a pesar de las fallas de todo un sistema en el que hubo decenas de personas involucradas.
Pero, como siempre, el balance es delicado.
A nosotros nos toca exigir que las cosas se acerquen más a las situaciones ordinarias, en las que reine el Estado de Derecho y los procesos se lleven a cabo conforme a Derecho, con claridad, eficacia y eficiencia.
O, acaso, ¿estaremos en una situación extraordinaria? ¿Ustedes qué piensan?