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Recorrido por un supermercado en Venezuela: Estantes llenos, pero bolsillos vacíos

Así se encuentra un supermercado “de lujo” en Venezuela, el cual tiene estantes llenos de productos, pero sus pasillos están vacíos debido a los precios tan elevados.

Durante mi regreso a Venezuela , pude recorrer un supermercado, estas tiendas de lujo que brotaron por todo el país como una respuesta a la crisis , pero que esconden una verdad dolorosa. Básicamente, son espacios que venden exclusivamente productos importados, muchas veces a precios más caros que en cualquier otra parte del planeta.

Al entrar, la sensación es extraña. Es como una vitrina de cristal en donde todo se mira, pero casi nadie puede tocar. Es el símbolo perfecto de la desconexión entre la oferta y la realidad de la gente.

La burbuja en Venezuela es real

Mientras camino por los pasillos, me doy cuenta de que la economía se dolariza a un ritmo que la mayoría no puede seguir. Las cifras no mienten: se estima que apenas el 30% de los venezolanos tiene el poder adquisitivo para comprar en lugares como este.

El resto del país simplemente se limita a observar desde afuera, intentando sobrevivir con lo básico, mientras estos estantes presumen marcas que antes eran comunes y hoy son artículos de colección para unos pocos.

Pasillos desiertos en supermercados: Donde el cliente es el gran ausente

Vean la realidad: los pasillos están desiertos. En este momento, no hay un solo venezolano comprando. Aquí solo se ven trabajadores limpiando o acomodando estantes, moviendo cajas de productos que quizás pasen meses ahí antes de que alguien pueda pagarlos.

Es una soledad que impacta. La abundancia de los estantes contrasta brutalmente con el vacío de los pasillos. Es el reflejo de un país que se ha dividido en dos: los que están dentro de la burbuja y los que luchan fuera de ella.

El contraste de una economía rota

Esta es la Venezuela de los contrastes. Por un lado, tienes estantes llenos de lujo, chocolates suizos, cereales americanos y licores caros; pero por otro lado, tienes el pasillo vacío de gente. No es falta de productos, es falta de acceso.

La mayoría de mis hermanos venezolanos pasan por frente a estas tiendas cada día, pero entran a cuentagotas. La dolarización ha creado una ilusión de normalidad que solo se sostiene para una minoría privilegiada.

Tiendas llenas pero un pueblo vacío

¿De qué sirve tener las tiendas llenas si el pueblo tiene las manos vacías? La “recuperación” de la que algunos hablan se siente muy lejana cuando caminas por estos pasillos en silencio.

La burbuja es brillante, pero cuando sales a la calle, la realidad te golpea de frente. La sonrisa de los estantes no oculta la tristeza de una economía que dejó atrás a casi todo un país.

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