Hemos escuchado hasta el cansancio que las Leyes Electorales en México se han “perfeccionado” con base en la experiencia inmediata anterior; esto, justo después de los Procesos Electorales.
Profesores, académicos especializados e, incluso, algunos funcionarios públicos se han encargado de propagar esta idea entre sus semejantes como si se tratara del mismísimo Evangelio.
Sin darse cuenta, esta situación condenó a más de uno a lo que Timothy Snyder denomina como la “Política de la Eternidad”, es decir, un mundo construido a partir de la idea del progreso donde cada paso es mejor que el anterior.
Un ejemplo que contrasta con esta idea es la sobrerrepresentación legislativa que desde hace unos años le ha dado mucho poder a la “Cuarta Transformación”, la coalición conformada por los partidos políticos Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), Del Trabajo (PT) y Verde Ecologista de México (PVEM).
Desempolvando los viejos contextos
El 15 de agosto de 1990, el presidente Carlos Salinas de Gortari publicó en el Diario Oficial de la Federación (DOF) el Código Federal de Instituciones y Procedimientos (COFIPE).
Esta Ley -la primera en su tipo- se encargó de regular los derechos políticos de los ciudadanos, la organización de los partidos políticos y la función estatal de hacer elecciones.
Por primera vez en la Historia moderna de México se arrebató de las manos del gobierno -específicamente, del presidente de la República- la tarea de realizar elecciones.
El artículo 59 del extinto COFIPE
El COFIPE de 1990 estableció un marco de referencia para los partidos políticos, las coaliciones así como los escaños (para senadores) y curules (para diputados) que les corresponde de acuerdo con los resultados de las votaciones.
Todo esto, con el objetivo de evitar una sobrerrepresentación legislativa equiparable a lo que sucedía en los tiempos del Partido Revolucionario Institucional (PRI) que le tocó a nuestros padres y abuelos. Cuando por estas mayorías aplastantes, el PRI tenía control absoluto de las cámaras de diputados y senadores sin espacio a la pluralidad ni la oposición.
En este sentido, el COFIPE estableció un candado para las coaliciones con la intención de eludir el umbral de la sobrerrepresentación:
Artículo 59
1. La coalición por la que se postule candidato a Presidente de los Estados Unidos Mexicanos tendrá efectos sobre las cinco circunscripciones plurinominales, las 32 entidades federativas y los 300 distritos electorales en que se divide el territorio nacional, para lo cual deberá postular y registrar a las respectivas fórmulas, y se sujetará a lo siguiente:
a) (...) La coalición actuará como un solo partido y, por lo tanto, la representación de la misma sustituye para todos los efectos a que haya lugar a la de los partidos políticos coaligados;
b) Deberá acreditar tantos representantes como correspondiera a un solo partido político ante las mesas de casilla, y generales en el distrito;
Las leyes que olvidamos
Hoy el COFIPE ya no existe; fue abrogado el 14 de enero de 2008 por mandato del hoy también extinto Partido de la Revolución Democrática (PRD) luego de la elección cerrada de 2006 entre Felipe Calderón y AMLO.
Y MORENA defiende su mayoría aplastante alegando que las coaliciones ya no son consideradas como un sólo partido político y que el PT y el PVEM no forman parte de su sobrerrepresentación legislativa, porque son “independientes”.
Así lo afirman los “morenos” a pesar de que algunas de sus principales fichas han jugado para varios partidos políticos y, si no me creen, pueden consultar el caso de Gerardo Fernández Noroña que se postuló por el Partido Encuentro Social (PES) en la victoria de AMLO en 2018.
Olvidamos las leyes que no debíamos porque el problema simplemente prevalece y se nutre de la ambición de los políticos y sus partidos de concentrar el poder en sus manos y nada más.
¡Que no le vendan piñas!
