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Violencia se normaliza con discurso oficial de herencia del pasado

La repetición de que la violencia es una herencia del pasado moldea una sociedad que normaliza el crimen, baja la exigencia y permite que el poder gobierne sin rendir cuentas reales. Nina Andrade nos cuenta.

Cuando se leen ciertos comentarios en redes sociales, es posible entender cómo se empieza a moldear una nueva sociedad, marcada por un discurso que insiste en que la violencia no es nueva y que siempre ha sido así.

Ese mensaje, repetido una y otra vez desde el poder, plantea que la violencia es una herencia del pasado, en lugar de traducirse en trabajo concreto y en la entrega de resultados frente al problema.

El resultado no es una solución, sino la venta de empatía, la normalización, la costumbre y la evasión de enfrentar de manera directa al crimen organizado.

Un discurso que se repite y se interioriza

Cuando un gobierno repite constantemente que la violencia es algo heredado y no un fenómeno actual, el mensaje termina instalándose en la conversación pública.

Ese discurso desplaza la exigencia social y convierte la violencia en algo esperado, asumido y tolerado, en lugar de algo que deba combatirse con resultados visibles.

Normalización y menor exigencia social

La repetición constante de este mensaje provoca que la violencia se normalice. Al normalizarse, se baja la exigencia, se reduce la presión y se debilita la demanda de respuestas reales.

Así, la costumbre reemplaza a la indignación y la narrativa oficial sustituye a la exigencia de soluciones.

Poder sin rendición de cuentas

Mientras ese discurso se repite, el poder gobierna sin rendir cuentas reales, amparado en la idea de que la violencia siempre ha existido y, por lo tanto, no es responsabilidad del presente resolverla.

En ese contexto, el crimen organizado deja de enfrentarse de fondo y la narrativa termina funcionando como una forma de evasión, no de solución.