La flota fantasma rusa ha crecido de 600 a 1400 buques en 3 años, representando el 16% de la flota petrolera mundial. Estos barcos operan desactivando sus sistemas de identificación para evadir sanciones internacionales, triangulando operaciones con regímenes como Venezuela, Cuba, Nicaragua e Irán. Bajo acuerdos de cooperación marítima, estas redes han expandido su presencia en el Caribe, donde Panamá alberga cerca de la mitad de estos buques para mover petróleo sancionado.
Paralelamente, México se ha consolidado como un actor clave al exportar mil 400 millones de dólares en hidrocarburos a Cuba y fungir como un punto de distribución para crudo ruso, mientras los estados del país apenas recibieron el 8,7% de las donaciones autorizadas. Esta situación se complica con la participación de cárteles mexicanos, que utilizan los mismos intermediarios y redes de contrabando para extraer combustible, una actividad que se ha convertido en su principal fuente de ingresos ajena al narcotráfico, contando incluso con la complicidad de marinos y funcionarios aduanales.