Y cuando despertamos, el comunista seguía ahí atrincherado en una oficina apoderado de lo que no es suyo.
Es el marxista de Marx Arriaga, un títere de cuarta que se sintió el dueño de la educación en México, que desde la Dirección General de Materiales educativos de la SEP trató de sembrar esa semilla roja que lo único que ha provocado.
En el mundo es hambre, miseria y muerte.
Y allí están como ejemplo los cien millones, millones de muertos que ha provocado que haya dejado el comunismo.
Ese comunismo de Stalin en la Unión Soviética, de Mao en China, de Pol Pot en Camboya.
Muertos asesinados, pero también muertos de hambre, muertos por desplazamientos sociales.
Muertos por presiones políticas, muertos de fanatismo y muertos por la ayuda humanitaria.
Sí, la ayuda humanitaria enviada a tierras con esas condiciones sociales que deja el comunismo también mata.
Es una muerte lenta, porque lo único que ayuda es ayuda.
Es en la agonía de un pueblo. Claro que también estoy hablando de Cuba, esa Cuba que debería de estar brindando por la libertad, pero que no sale de la cruda realidad de ese dolor de cabeza que son esos marxistas como Arriaga.
Ese impresentable con facha de dictador que se apoderó de la SEP para desde ahí gritar que él es el verdadero defensor de la educación en México.
¿Quién chingado se cree?
Opino que deberían de sacarlo de una antes de que bautice esa oficina como auditorio Che Guevara o Castro o Mao o Pol Pot o de jodido Sarri.