La salud pública vuelve a colocarse en el centro del debate en México , no por los anuncios oficiales ni por la narrativa difundida desde el poder, sino por la distancia cada vez más evidente entre el discurso y lo que ocurre en hospitales, clínicas y farmacias del país.
Frente a publicaciones que aseguran avances y fortalecimiento del sistema, surge una postura que rechaza esa versión y apunta a una realidad distinta: millones de personas sin acceso efectivo a medicamentos, hospitales deteriorados y una atención médica que no responde a las promesas de un sistema de salud de primer mundo.
La discusión no gira en torno a slogans ni a mensajes propagandísticos, sino a evidencias concretas que, desde esta visión, reflejan un abandono estructural que afecta directamente a las familias mexicanas.
Promesas de primer mundo frente a una realidad distinta
Se prometió un sistema de salud pública de primer nivel, pero hoy en México hay un millón de personas que no tienen acceso a una sola medicina. Esa cifra resume el contraste entre lo anunciado y lo vivido por pacientes que acuden a instituciones públicas en busca de atención.
Desde esta postura, los hospitales no muestran fortalecimiento, sino deterioro, y el debate debe centrarse en hechos verificables, no en discursos diseñados para consumo político.
Desabasto de medicamentos y evidencias ignoradas
El discurso oficial habla de inversión, pero la realidad expuesta es que el desabasto de medicamentos ha alcanzado niveles históricos. No se trata de una percepción aislada, sino de miles de recetas que no fueron surtidas y de padres de niños con cáncer que continúan esperando quimioterapias que no llegan.
Estas situaciones, se señala, contradicen cualquier narrativa de éxito en materia de salud pública en México.
Infraestructura que no funciona y propaganda oficial
Mientras se presume infraestructura, existen hospitales con elevadores inservibles y quirófanos cerrados por falta de mantenimiento. Al mismo tiempo, se promueve una megafarmacia que, desde esta visión, funciona más como imagen que como solución real para los pacientes.
La crítica apunta a una desconexión entre la propaganda y las condiciones reales de los servicios de salud.
El costo real del discurso político
Desde esta opinión, la izquierda afirma que la salud se refuerza, pero en la práctica las familias pagan de su bolsillo lo que el Estado no garantiza: medicamentos, tratamientos y seguridad sanitaria.
El discurso no tiene costo, pero la negligencia sí, y ese costo, se advierte, se paga con la vida. La historia demuestra que cuando la salud se usa como bandera política mientras los hospitales se deterioran, no se trata de transformación, sino de abandono.
El llamado final es a no permitir que el ruido de una publicación o un mensaje oficial oculte lo que está ocurriendo en los hospitales de México.
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