Jang Man-wol acepta finalmente que su estancia en el mundo de los vivos ha llegado a su fin.
Tras haber pasado siglos como la dueña del Hotel del Luna, entiende que ha completado su propósito pues ya ha ayudado a muchas almas a encontrar paz y de paso también la encontró ella.
A pesar de ser un final triste, también es liberador pues explica que todo en la vida tiene un ciclo y que el amor es parte de la vida, donde todo está en movimiento (Y a veces hasta los muertos) .
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