Olivier Giroud
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23 febrero, 2021
Azteca Deportes
Champions League

Una genialidad de Giroud acaba con un Atlético apático

El delantero francés, con una chilena artística, le dio al Chelsea el triunfo en la ida de los octavos de la Champions League ante el Atlético de Madrid.

Diego Simeone regresó al pasado, recuperó su espíritu más defensivo y transformó a su Atlético de Madrid en un rival menor, sin ataque ni contragolpe, sin más que un plan conformista, conservador e insuficiente, castigado por la chilena de Olivier Giroud que premió al Chelsea y demostró que jugar al 0-0 no garantiza el empate, menos en el rigor de la Champions League, en duelo que terminó 0-1.

Es una competición que no espera a nadie. No admite matices. Necesita ambición. Si alguien la quiere, tiene que ir a ganarla. El Atlético aún tiene vida, pero menos que antes del inicio del duelo trasladado a Bucarest por las restricciones de la pandemia de la COVID-19, pero sobre todo ya no tiene excusa: debe ganar en Londres.

Esa premisa tan natural, tan ligada a la mentalidad ganadora que le ha dado Simeone, no lo fue tanto este martes. Si el técnico argentino salió a vencer su partido lo hizo en su manera más peculiar y más defensiva, más habitual en el pasado que en esta temporada, cuando el paso adelante generó tantos o más resultados.

Indudablemente, la fórmula defensiva ha dado réditos en muchas ocasiones, pero en otras tantas no. Y las veces que no lo dio se concentran muchas en la Liga de Campeones. Por ejemplo en Turín, hace dos años, en esta misma ronda de los octavos de final. O antes varias contra el Real Madrid, en sus visitas al Santiago Bernabéu.

Luis Suárez
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Bucarest y el Chelsea son dos nombres que devuelven al Atlético de Simeone al origen. A aquella Liga Europa de 2012 que ganó en el estadio Nacional y a aquella Supercopa de Europa con la que apabulló al conjunto londinense en Mónaco. Era 2012. Son dos momentos imborrables. Pero son pasado.

La ambición del Atlético debe ir muchísimo más allá. Por eso, el Atlético fue más que decepcionante este martes. Su propio temor lo hizo menor a un adversario que, desde ninguna perspectiva desde la que se mire, es mejor que el conjunto rojiblanco sobre el papel. Quizá en presupuesto, o ya ni eso. Sí lo fue sobre el terreno de juego, porque sí fue a ganar el encuentro.

No lo hizo el Atlético, que ni siquiera en Múnich, quizá nada más en los primeros compases en Salzburgo o, sobre todo, en el primer tiempo contra el Real Madrid, había transmitido momentos de tal impotencia este curso para escapar de la presión, armar un ataque o conectar más allá de su medio campo con algún viso de algo más que una simple pérdida como evidenció todo el duelo. No tuvo ocasiones.

Quizá la cantidad de goles en contra recibidos en la antesala de este partido -diez en sus últimos siete compromisos-, hayan impulsado la predisposición natural del técnico a la consideración de la defensa como el principio de todo. El Atlético saltó al campo para refugiarse.

El plan fallido de Diego Simeone

Desde esa perspectiva diseñó Simeone el encuentro. No fue una emboscada. Su plan no ofendió. No sacó partido el Atlético ni en el ataque ni al contragolpe. El Atlético fue solo defensa. Aunque también es cierto que el cuadro inglés no pudo hacer mucho en la primera mitad a pesar de tener la pelota en los pies.


Hasta el minuto 67', si el plan era el 0-0, le había salido bien, porque el Chelsea es lo que es. Hoy por hoy, un buen equipo y hasta ahí, que controló la pelota y desbordó poco. Y que no tiene el nivel del Bayern ni de los grandes aspirantes. Los únicos sobresaltos hasta entonces, dos nada más al cierre del primer acto, los provocó Timo Werner.

Giroud
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El atacante alemán no remató como quería un buen centro de Hudson Odoi ni logró el gol que pretendía con su tiro dentro del área ante Jan Oblak. Ninguno de ellos, cierto es, en una posición ventajosa. Si el plan era además contraatacar, al Atlético no lo consiguió. Joao Félix, Luis Suárez y Correa fueron jugadores fantasma.

Pero jugar tanto a defender, a conservar, tiene un precio muy alto. No se juega con un marcador favorable, sino con un empate, siempre al filo de la derrota, del más mínimo detalle. Era el minuto 67', cuando un rechace lo remató de chilena Olivier Giroud. Pareció fuera de juego, lo revisó el VAR... No lo fue. El balón procedía de Mario Hermoso. Sólo por interés lo mereció el Chelsea, sólo por conformismo lo mereció el Atlético. Queda Londres. Al equipo rojiblanco solo le vale ganar.

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