Hablar de narcopolíticos no es nuevo, pero ¿qué pasa cuando el oficialismo acapara todo el poder al punto de justificar y proteger criminales? Analicemos.
¿Estamos en manos de un narco partido? En México, desafortunadamente, no nos espantan los narcopolíticos hasta que Estados Unidos “mete su cuchara”. ¿Por qué somos así?
La política de los “Abrazos no balazos”
Esta fue una de las frases más populares del expresidente López Obrador revelaba una intención que pasamos por alto. A quienes nombró como hermanos, hoy se encuentran en el ojo del huracán, pues ambos han sido acusados de ser narcopolíticos.
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Narcopolíticos en la mira: El caso Rocha Moya
El caso más reciente es el de Rubén Rocha Moya. Estados Unidos lanzó una acusación y solicitud de extradición por sus vínculos con el Cártel de Sinaloa. El oficialismo pide pruebas, como si no fuera suficiente la carta del “Mayo” Zambada en la que revelaba que lo detuvieron cuando iba a reunirse en un rancho con Rocha Moya y Héctor Melesio Cuén.
Cabe recordar que Cuén fue asesinado en ese predio y, posteriormente, la misma fiscalía hizo un montaje en una gasolinera para alterar la historia. Pero es que incluso Rocha habló de estos vínculos en el pasado.
La sombra sobre Adán Augusto
Por otro lado tenemos a Adán Augusto López, quien no ha sido investigado a pesar de que su Secretario de Seguridad, cuando él era gobernador de Tabasco, hoy está preso por ser la cabeza del grupo criminal “La Barredora”.
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¿Cuál es la diferencia con un narcopartido?
Narcopolíticos siempre han existido, pero la diferencia con un narcopartido es que este tiene todo el poder y, por ende, la impunidad se fortalece:
- En el Ejecutivo: Morena domina a nivel nacional y en la mayoría de los estados.
- En el Legislativo: Mayoría de ambas cámaras por Morena.
- En el Judicial: Gracias a la reforma y los “acordeones”, ahora la justicia tiene color guinda.
- Al INE: Le acaban de poner tres consejeros de Morena.
- La Fiscalía: Encabezada por una fundadora de Morena.
A todo esto se le suma la desaparición de los órganos autónomos que regulaban y fiscalizaban al poder. Tienes como resultado un Estado captado por una misma fuerza que no puede atentar contra sí misma, y que por dentro opera a través del narco, de norte a sur, con el Cártel Tabasco y con el de Sinaloa.
Esta impunidad, sostenida con instituciones a modo, hace que solo un actor externo pueda cuestionar lo que sucede, y ahí es donde entra Estados Unidos. Ahora la pregunta es si al poder le ganará la complicidad o la honestidad.