“Todo aquel que no esté feliz en este país debería retirarse de este país”, esa fue la frase pronunciada por la dirigente de Morena en Colima durante un evento político de su partido, en el que realizaba un discurso de respaldo a su movimiento y al gobierno en turno.
Que una dirigente partidista defienda los logros de su partido y manifieste apoyo a la administración que representa puede entenderse dentro de la lógica política de un acto de esta naturaleza. Sin embargo, la declaración tomó otro rumbo cuando planteó que quienes no estén conformes con la situación del país deberían abandonarlo.
Más allá de las simpatías o diferencias políticas, la frase abre una discusión de fondo sobre la relación entre los ciudadanos, los partidos y quienes gobiernan.
Ningún partido político es dueño de un país
La primera reflexión es que ningún gobierno, ningún partido y ningún grupo político es propietario de México.
Un país pertenece a sus ciudadanos, a quienes lo construyen todos los días, lo cuestionan, participan en él y también exigen resultados a quienes tienen la responsabilidad de gobernar.
Los partidos políticos llegan al poder mediante el respaldo ciudadano, pero ese respaldo no los convierte en dueños de la nación ni les otorga la facultad de decidir quién merece permanecer o quién debería marcharse.
"Ningún partido es dueño de este país"
— Azteca Noticias (@AztecaNoticias) July 14, 2026
La dirigente de Morena en #Colima, Mitzuko Márquez, desató polémica tras afirmar durante un evento partidista que "todo aquel que no esté feliz en este país debería retirarse".
Una postura equivocada: los gobiernos están obligados a crear… pic.twitter.com/G3AtpQr2pW
Al contrario, quienes gobiernan tienen la responsabilidad de generar condiciones para que las personas puedan desarrollarse, trabajar, vivir con seguridad y encontrar oportunidades dentro de su propio país.
Los ciudadanos tienen la última palabra
La segunda reflexión tiene que ver con la naturaleza de la democracia: son los ciudadanos quienes tienen la capacidad de cambiar a los gobiernos y a los partidos mediante los mecanismos establecidos.
Es decir, en una democracia los gobiernos deben responder a la población, no la población adaptarse a un gobierno.
Un partido político puede perder el respaldo ciudadano; un gobernante puede dejar de ocupar un cargo; pero México permanece como el espacio común de millones de personas con distintas formas de pensar.
Por eso, una frase como “si no estás feliz, retírate del país” genera cuestionamientos, porque transforma una inconformidad ciudadana —que forma parte de cualquier democracia— en una invitación a abandonar un lugar que también pertenece a quienes critican, señalan o exigen cambios.
Al final, la pregunta queda abierta: ¿son los ciudadanos quienes deben irse cuando no están de acuerdo con un gobierno, o son los gobiernos quienes deben trabajar para construir un país donde todos quieran quedarse?
