Mientras miles de manos tratan de salvar la mayoría de vidas que se puedan, en Venezuela el régimen ya pensaba cómo controlar el relato y lucrar con el dolor de la población.
La dictadura respondió tarde, no desplegó militares para ayudar a las familias; lo que hizo fue intimidar y bloquear a los venezolanos que deseaban ayudar.
En Venezuela el panorama es desolador, porque los terremotos evidenciaron algo que ya ocurría desde hace mucho tiempo: el abandono de las autoridades.
El país enfrenta esta tragedia con hospitales derrumbados, sin medicinas, sin médicos y carreteras sin mantenimiento.