Hace apenas unos días, el tablero sudamericano saltó por los aires con un escenario que el mundo esperó durante años: la caída y captura de Nicolás Maduro. Tras el colapso de su figura en el Palacio de Miraflores, la vicepresidenta Delcy Rodríguez tomó rápidamente las riendas en un intento por mantener vivo el aparato estatal chavista, mientras la líder opositora María Corina Machado presiona desde el exterior por una transición definitiva.
Sin embargo, este histórico quiebre en la cúpula no trajo una democracia instantánea, sino que desató una descarnada lucha geopolítica por el país con las mayores reservas de petróleo del mundo. La derecha continental ya mueve sus piezas desde Miami, y la verdadera batalla apenas comienza.
Opinión de Nina Andrade
La caída de Maduro no cerró la historia de Venezuela. Al contrario, la abrió, porque ahora empezó algo mucho más grande: la pelea por el control político, el control económico y hasta el petróleo del país. Y mientras dentro de Venezuela el poder se está reacomodando, afuera también se está moviendo el tablero. Este fin de semana, varios líderes de la derecha de América Latina se reúnen con Donald Trump para hablar del nuevo mapa político del continente. Venezuela seguro está en el centro de esa conversación, porque cuando cae un régimen de más de 26 años, lo que viene después no es el vacío de poder. Es la redistribución del poder.
¿Cómo se está repartiendo el poder en Venezuela?
Ahora sí, hablemos. ¿Cómo es que se está repartiendo Venezuela? Primero, el chavismo intenta sobrevivir sin Maduro, porque sí, Maduro cayó, pero la dictadura del régimen no desapareció. Los militares siguen ahí. Los tribunales del régimen siguen ahí. Los narcotraficantes siguen. Después de la captura de Maduro, Delcy Rodríguez asumió el control del gobierno manteniendo el chavismo dentro del aparato estatal. Es decir, el sistema que gobernó Venezuela durante 25 años sigue allí incrustado en el poder.
El segundo actor es la oposición, con María Corina Machado intentando desde el exterior construir una transición democrática; pero desmontar un sistema socialista que controló el ejército, el petróleo y la justicia durante décadas no es en automático. No basta con que caiga el líder. Hay que desmontar todo el aparato del poder que se construyó durante el chavismo.
Escudo de las Américas: La cumbre que convoca Donald Trump
Y hay un tercer actor: la geopolítica. Porque resulta que Venezuela no es sólo una crisis política, es un botín energético. Tiene las reservas de petróleo más grandes del planeta y por eso el tema está presente en la cumbre que Donald Trump convocó en Miami con varios líderes de derecha del continente. A esa reunión van presidentes como Javier Milei de Argentina, Nayib Bukele de El Salvador, Daniel Noboa de Ecuador y otros gobiernos alineados con Washington. No es una reunión cualquiera, es un intento de construir un nuevo bloque político en América Latina. Un bloque que busca enterrar el ciclo de gobiernos de izquierda que dominó buena parte de la región durante las últimas dos décadas. Ese modelo que prometió y que terminó dejando economías quebradas, estados capturados y millones de migrantes huyendo. Y Venezuela es el ejemplo más brutal de ese fracaso.
Por eso lo que estamos viendo ahora no es sólo el final de un régimen, es algo mucho más grande. Es la pelea por el futuro político y económico de Venezuela en medio de un continente donde la derecha está reorganizando el tablero. Así que la pregunta que queda en el aire es si Venezuela está entrando finalmente en una transición democrática o si el chavismo simplemente está cambiando de rostro para seguir gobernando, porque en América Latina, cuando cae un líder socialista, muchas veces el sistema que construyó sigue intacto. Así que hay que seguir peleando por esa libertad.