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Sismo leve, alerta fuerte: La importancia de comunicar correctamente

Un reciente sismo de magnitud 5 activó la alerta sísmica en CDMX, desatando confusión por su calificación inicial como severo. El reto de comunicar eficazmente.

El sonido de la alarma que anticipa un movimiento telúrico generó recientemente una ola de cuestionamientos tras la difusión de un reporte que calificaba un fenómeno como sismo severo . Poco después de que las bocinas cesaran su estruendo, las autoridades emitieron la cifra técnica definitiva, estableciendo que el evento alcanzó una magnitud de 5.

Esta discrepancia entre el adjetivo utilizado inicialmente y el dato duro ha reabierto un interrogante fundamental sobre la percepción pública de la emergencia y el rigor de los términos empleados durante una crisis.

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Confusión sobre alertas sísmicas revela fallos en la comunicación durante emergencias

La confusión ciudadana parte de una premisa errónea sobre el funcionamiento de estos mecanismos preventivos. Contrario a la creencia popular, el aviso de emergencia no se detona basándose únicamente en la energía liberada en el epicentro.

El proceso de activación es multivariable y responde a un análisis complejo que busca anticipar el peligro antes de que las ondas alcancen las zonas habitadas.

Sistema de alerta se basa en múltiples factores, no solo en magnitudes

Existen cuatro pilares fundamentales que el sistema evalúa para decidir si es necesario alertar a la población: la intensidad probable del movimiento, la proximidad del origen del temblor, la profundidad a la que ocurre la ruptura y las características específicas de la superficie terrestre donde se recibirá el impacto.

Bajo este esquema, un fenómeno de magnitud 5 tiene la capacidad técnica de poner en marcha los protocolos de aviso si las variables mencionadas sugieren que la sacudida será percibida con fuerza o si existe una amenaza latente para la integridad de las personas.

Por tanto, la activación de los altavoces ante un evento de mediana magnitud no debe interpretarse de forma automática como un fallo en la tecnología o en los algoritmos de detección. El sistema cumple con su función primordial al identificar condiciones de riesgo potencial, independientemente de que el reporte final de magnitud parezca conservador para el usuario promedio.

Sin embargo, el punto de fricción no reside en la eficacia del sensor, sino en la semántica de la comunicación. La utilización del concepto sismo severo para describir un evento que posteriormente se cataloga de forma distinta plantea un dilema sobre la forma en que se transmite la advertencia.

Debate sobre claridad y rapidez en la transmisión de riesgos es necesario

Aunque es una realidad aceptada que el sistema de alerta es una herramienta vital que preserva existencias humanas, queda pendiente una reflexión profunda sobre la manera adecuada de informar sobre el peligro. La transparencia y la exactitud en el lenguaje son elementos que podrían fortalecer la confianza en la herramienta.

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El escenario actual deja a la sociedad frente a una pregunta incómoda pero necesaria sobre la gestión de las expectativas y la seguridad. Al final de la jornada, la discusión se reduce a una elección de prioridades en materia de protección civil.

Se plantea el debate entre la conveniencia de contar con un sistema que pueda pecar de precavido o alarmista, o el riesgo inasumible de enfrentar un silencio tecnológico ante una amenaza real.

La controversia sobre la terminología empleada abre la puerta a un diálogo sobre cómo perfeccionar la comunicación del riesgo sin comprometer la velocidad de respuesta que caracteriza a este servicio de emergencia.

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