¿Impunidad? Juzgue usted mismo, para muestra un botón.
Pedro es un ladrón y lleva practicando este “oficio” por 3 años. Hoy ha decidido ir a “trabajar” a una de las colonias populares de la Ciudad de México. En su cacería, encuentra a una señora que estaba esperando su camión en una parada sin gente. La asalta y logra huir, aunque no por mucho.
Es capturado por una patrulla unas cuadras más adelante, y es remitido al Ministerio Público. Finalmente, tras un proceso de detención lleno de contrariedades y corrupción, es liberado 48 horas después. Oficialmente, merecía hasta dos años de cárcel.
Esto no es hacer justicia.
Esto es impunidad.
El caso de Pedro, ficticio por cierto, es solo una muestra sobre lo que sucede en las fiscalías y ministerios de México. Ladrones, asesinos, violadores y toda clase de criminales entran por las puertas de estas instituciones, sabiendo que no recibirán las condenas que merecen, pues vivimos en un país donde la impunidad es el pan nuestro de cada día.
La carencia de justicia: ¿culpable de la impunidad en México?
La impunidad no solo es no dar el castigo que le corresponde a cada delincuente. Es el resultado de todo un sistema en descomposición.
Basta con decir que solo tenemos 4.36 jueces por cada 100 mil habitantes en México. Cuatro veces menos que la media mundial, de acuerdo con datos proporcionados por la Universidad de las Américas Puebla en su Índice Global de Impunidad México 2022.
Esta precariedad judicial, aunada a la cantidad de delitos que se cometen y a la incapacidad de los encargados de impartir justicia, solo hace que que los procesos de detención no sean transparentes ni rectos, en la mayoría de los casos.
No por nada, 32.8% de los entrevistados en la encuesta Percepción de Impunidad 2022 consideran que la impunidad ha aumentado en los últimos tres años. La investigación realizada por la organización Impunidad Cero en colaboración con Data OPM, también demuestra que la manera más adecuada de combatir la inseguridad es mejorando la capacitación del personal en procuradurías y fiscalías, con un 58% de personas a favor.
Al no aplicarse las leyes, evidentemente hay más libertad para cometer delitos. Por ejemplo, en cuestión de homicidios dolosos, solo 3 de cada 100 casos se resuelven. ¡Tres de cada cien! Esto explica en parte los 35 mil 625 asesinatos que hubo solo en el 2021. ¡Cuánta libertad hay para matar!
La impunidad en la política de México
Y no solo los delincuentes “de a pie” gozan de la impunidad. También los políticos tienen su buena parte en esta ausencia de justicia.
Solo recordemos los casos de los exgobernadores César y Javier Duarte, así como Roberto Borge. Sí, fueron capturados y llevados a proceso, ¿pero realmente sus condenas fueron justas?
Mediante amparos, justificaciones por estado de salud y otras artimañas, lograron reducir sus condenas y darle vuelta a los códigos penales.
¿Hasta cuándo el antídoto para la impunidad en México?
Año tras año la impunidad aumenta, o por lo menos, se mantiene.
¿Es la falta de recursos para crear un sistema de justicia lo que origina la impunidad? ¿El miedo? ¿La conveniencia de unos cuantos de mantener procesos que no se apegan a las leyes?
Tal vez una mezcla de todo. Lo que es totalmente verdadero es que las únicas víctimas, y por doble cuenta, son las personas que sufren los delitos y que no se les retribuyen los daños ni pueden tener paz al ver a los criminales que les arruinaron la vida, tras las rejas.
¿Hasta cuándo encontraremos la cura de este veneno llamado impunidad?
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