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Japón reforma su ley de sucesión imperial pero sigue excluyendo a las mujeres

El parlamento de Japón modificó la ley de sucesión monárquica, pero mantuvieron el veto absoluto a las mujeres, dejando a la popular princesa Aiko fuera del camino al trono.

Familia Imperial de Japón
|Getty Images

El parlamento de Japón aprobó una esperada reforma a la Ley de la Casa Imperial con el objetivo de blindar el futuro de la monarquía más antigua del mundo.

Sin embargo, la legislación dejó intacta la norma más controvertida del sistema: la prohibición absoluta de que las mujeres accedan al Trono del Crisantemo. Con esta decisión, la princesa Aiko, de 24 años y única hija del actual emperador Naruhito, seguirá sin tener derecho a convertirse en emperatriz.

La reforma se diseñó como un mecanismo de emergencia ante el acelerado declive demográfico de la familia real. Actualmente, la línea sucesoria depende por completo del príncipe Hisahito, de 19 años y sobrino del emperador, quien es el único varón menor de 60 años en toda la institución. Si él no llega a tener un hijo varón en el futuro, el linaje real se extinguiría por completo bajo las normas tradicionales.

Los principales cambios de la ley

Para proteger la continuidad dinástica sin romper con la línea estrictamente patrilineal, el parlamento japonés introdujo dos modificaciones técnicas de gran relevancia:

Conservación del estatus real: A partir de ahora, las princesas japonesas podrán contraer matrimonio con ciudadanos comunes (plebeyos) sin perder sus títulos ni su estatus imperial. Este cambio llega tras la crisis de 2021, cuando la princesa Mako tuvo que abandonar la familia real para casarse.
Adopción de varones de ramas antiguas: La ley autoriza ahora a la familia imperial a adoptar a hombres solteros mayores de 15 años que pertenezcan a las 11 antiguas ramas dinásticas que fueron apartadas del registro oficial tras la Segunda Guerra Mundial. Los futuros hijos de estos adoptados se convertirán en herederos legítimos al trono.

De acuerdo con datos de la Agencia de la Casa Imperial, adoptar a los varones de ramas antiguas es muy complejo, ya que los lazos de parentesco de estas familias con el emperador Naruhito se remontan hasta el siglo XV, implicando un rastreo de más de 30 generaciones de separación.

La gente la respalda, la ley no

La resolución ha generado un intenso debate político y social debido a que choca de frente con el sentir de la sociedad japonesa. Una encuesta reciente del diario Mainichi Shimbun reveló que el 72% de la población apoya que una mujer pueda convertirse en emperatriz. Por el contrario, la idea de adoptar parientes lejanos solo cuenta con el 23% de aprobación ciudadana.

A pesar del descontento popular y de las críticas de políticos veteranos dentro del propio partido gobernante —como Seiichiro Murakami, quien calificó de "indignante" la exclusión de Aiko—, la primera ministra Sanae Takaichi respaldó mantener el statu quo del siglo XIX. Expertos en la familia real, como el profesor Hideya Kawanishi de la Universidad de Nagoya, señalan que la cúpula del Partido Liberal Democrático (PLD) priorizó asegurar el voto del ala más conservadora de su base electoral, la cual defiende posturas tradicionales vinculadas al chovinismo masculino. Sin embargo, el académico advierte que ignorar la opinión pública podría debilitar el apoyo social hacia el sistema del Emperador como símbolo del Estado.

Las mujeres en la historia del trono japonés

La exclusión formal de las mujeres del Trono del Crisantemo no es una tradición milenaria, sino una norma moderna. A lo largo de los 2,500 años de historia mítica y real de la monarquía nipona, un total de 12 mujeres han ocupado el puesto de emperatriz.

Los liderazgos femeninos en la corona se volvieron menos frecuentes con el paso de los siglos, pero el periodo Edo presenció el gobierno de dos emperatrices, siendo la más reciente Go-Sakuramachi, quien reinó entre 1762 y 1771. La prohibición de la sucesión femenina se codificó formalmente por primera vez en 1890, durante la era del Imperio del Japón, y se ratificó tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, configurando las estrictas restricciones que hoy vuelven a dejar al margen a la princesa Aiko.

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