Las calles de La Guaira y sus alrededores nunca serán iguales. El horizonte actual está marcado por bloques partidos, techos de lámina colapsados y juguetes arrumbados entre la tierra. Los sismos que azotaron a Venezuela han dejado un saldo preliminar de 2,595 personas fallecidas y 12,400 heridas, pero detrás de la frialdad de los números están las secuelas psicológicas y materiales de los sobrevivientes más vulnerables: los niños.
“Nosotros somos los niños del terremoto; eso se sintió horrible”, cuenta Reymer, uno de los tantos pequeñitos que vio cambiar su realidad de un momento a otro. Para él, el desastre se cuenta de forma directa, sin los tecnicismos de las magnitudes sismológicas o los balances oficiales, sino a través del miedo de ver caer los muros sobre sus padres.
Rasmar, de apenas 7 añitos, recuerda con claridad el instante del colapso: “El terremoto pasó por mi casa, mi mamá y mi papá se asustaron mucho... un edificio nos cayó encima”. Tras el impacto inicial y las náuseas provocadas por el pánico, su familia logró salir con vida, una fortuna que no compartieron miles de personas en la región.
Duermen en colchonetas en un parque
Para decenas de familias en el sector de Tanaguarena, las plazas públicas y los parques recreativos son ahora campamentos improvisados. Los espacios que antes funcionaban para el juego hoy albergan colchonetas tendidas sobre el suelo, donde los niños pasan las noches a la intemperie o bajo estructuras muy endebles.
Maricarmen Jiménez, de 10 años, explica su nueva rutina mientras señala el piso del parque: "¿Dónde duermes? Aquí en esta colchoneta”. Con la honestidad propia de su edad, no oculta la frustración de la pérdida: “Triste, porque yo quería seguir durmiendo en mi casita, en mi cuartico”.
A unos metros, Milagros, de 6 años, resume el estado en el que quedaron las viviendas de su vecindario: “Estoy viviendo en mi casa, pero sin techo”. El sismo desprendió las coberturas de los hogares, obligando a los habitantes a evacuar por temor a las réplicas o al desplome total de los muros que quedaron agrietados.