A una semana del secuestro de los cuatro estadounidenses en Matamoros, Tamaulipas tenemos claro que los grupos del crimen organizado tienen el control de algunos estados del país.
Estos grupos no solo tienen el poder de montar retenes, levantar, secuestrar y matar a plena luz del día, sino que incluso cuando la situación se pone difícil, pueden pedir disculpas, entregar secuestradores y prácticamente lavarse las manos.
El delirio de los cárteles siendo nombrados por autoridades estadounidenses como grupos terroristas, deja claro que el control de las narrativas no las tiene México.
Es evidente que el tema de seguridad será una piñata electoral para las siguientes comicios.
El fentanilo y el tráfico de armas son claros ejemplos que la responsabilidad compartida entre México y Estados Unidos ni siquiera tiene lugar en la conversación.