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El futuro de la monarquía | Una reina que ya no es reina

¿Qué tanta aceptación tiene la monarquía? ¿Las incomodidades que tienen ciertos sectores subirán de tono cuando pase el luto por la muerte de la reina?

La muerte de Isabel ll de Inglaterra, indudablemente cautivó a la prensa rosa, y a miles de fanáticos que seguro llenarán los ríos de Babilonia de tanto llorar.

Pero después de saciar nuestro morbo del momento, resulta más relevante considerar el futuro de la monarquía en el Reino Unido. ¿Qué tanta aceptación tiene la corona inglesa en sus ciudadanos?

Revisemos los datos de la encuesta YouGov, que antes del fallecimiento de la reina, reveló que 41 por ciento de ciudadanos de 18 a 24 años prefieren un jefe de Estado electo, frente al 31 por ciento que desean mantener un rey o una reina.

Un escenario similar para los ingleses mayores de 50 años quienes demostraron una aceptación a la monarquía del 46 por ciento, cifra que aumenta con el rango de edad, puesto que el 81 por ciento de los adultos mayores aceptaba a la reina.

Y ojo, aquí hay dos temas importantes: La aceptación a la monarquía reside en su mayoría por gente mayor, y un rasgo motivador de esa aceptación era el papel nada despreciable que desempeñó la reina durante 70 años.

¿Podrá Carlos lll sostener la popularidad de la reina Isabel II?

Si bien la casa real no se desmonta mañana, y tampoco la reprobarán el próximo mes, es de esperarse que una vez perdido el estandarte empático, las incomodidades que ciertos sectores tienen por la Corona comiencen a subir de tono.

Recordemos que en 2020 la realeza recibió 96.2 millones de dólares de la inversión pública, un gasto oneroso que grupos autodenominados antimonárquicos rechazan por completo, al grado de hacerse presente esa molestia en el parlamento inglés.

¿Acaso podrá Carlos lll sostener la popularidad de su madre? o ¿tendrá que entrar William para empatizar con el pueblo y garantizar su permanencia?

Pero mientras transcurre el drama, resulta oportuna la comedia del ingenioso Moliere, “El fanático por la nobleza”, (donde satiriza la admiración de la gente sobre los integrantes de la corte y el mundo superfluo de banalidades que los envuelve, lejos de preocuparse por la razón y lo verdaderamente humano: la integridad ética procurada por la inteligencia), y tal vez, solo así cobre sentido el bombardeo mediático de la nota rosa.