La Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia define, en su Art. 6, la violencia sexual como cualquier acto que degrada o daña el cuerpo y/o la sexualidad de la víctima y que por tanto atenta contra su libertad, dignidad e integridad física. Es una expresión de abuso de poder que implica la supremacía masculina sobre la mujer, al degradar y concebirla como objeto. Este acto es penado por la ley bajo diferentes delitos, entre ellos, el abuso sexual y la violación, que son algunos de los más inhumanos de la violencia de género.
Por su parte, el uso de psicoactivos en la comisión de estos delitos es un grave problema. Si bien es cierto que este tipo de sustancias son utilizadas socialmente tanto por hombres y mujeres para inhibir el estado de alerta, en muchos casos han utilizado para cometer actos de abuso sexual y la violación. Recordemos que la violencia sexual afecta principalmente a las mujeres, trayendo indebidamente consigo una fuerte carga de estigmatización social para la mujer, al responsabilizarla del abuso. No obstante, la única persona responsable de la agresión es quien la lleva a cabo.
Si a este hecho se le agrega como ingrediente el mal uso de sustancias psicoactivas psicoactivas para drogar a la víctima sin su conocimiento, la situación se vuelve aún más estigmatizante, ya que socialmente, a las mujeres se le revictimiza, y se les responsabiliza de las conductas cometidas en su contra, dañando su dignidad e integridad como personas. En ocasiones, el uso o combinación de bebidas alcohólicas junto con alguna droga, son el vehículo facilitador del hecho delictivo.
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¿Cómo funciona?
La persona agresora utiliza ciertos medios para restarle capacidad de alerta a la víctima y lograr ponerla en un estado de indefensión, produciendo amnesia, pérdida de la conciencia y desorientación en la víctima para que no sepa lo que sucede o que no recuerde el abuso.
Las personas que abusan muchas veces pueden entrar, delincuenteLas personas que abusan muchas veces pueden entrar, en complicidad con otros individuos, aprovechando situaciones como fiestas, reuniones sociales o citas privadas, que les permitan convivir o acercarse a la víctima y, disolviendo en su bebida de la afectada —sin que se percate— algún tipo de solución psicoactiva o también incentivando el consumo excesivo de alcohol, inducen a un estado de indefensión para perpetrar el ilícito.
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¿Cómo se previene?
Sabemos que no es responsabilidad de las mujeres y de las víctimas prevenir la violencia sexual. Sin embargo, existen algunas medidas de seguridad para tratar de evitar una situación de este tipo. Algunas son:
- Prestar atención a las bebidas en poncheras u otros contenedores que pueden ser alterados fácilmente (cuando se agrega alcohol u otra droga a una bebida sin permiso).
- No acepte bebidas de otras personas. Si alguien ofrece llevar una bebida en un bar o una fiesta, acuda con la persona a pedir la bebida. Controle la bebida mientras la sirven y llévela usted misma.
- Abra usted misma la bebida o asegúrese que la abran en frente de usted. Contrólela todo el tiempo y trate de no dejarla sin supervisar.
- No beba nada que tenga un olor extraño. Deje de beber algo que tenga sabor extraño.
- No beba más de lo que desea sólo porque alguien quiera que lo haga.
- Busque ayuda de inmediato si se siente alcoholizada y no ha bebido, o si siente que los efectos del alcohol son más intensos de lo normal. Encuentre una persona de confianza que pueda llevarla a un lugar seguro.
- Cuide a sus amistades, y pídales que le cuiden también. Puede jugar un rol fundamental al ayudar a otras personas a mantenerse seguras.