Raúl Alcalá
01 septiembre, 2020
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Alcalá y Arroyo

la primera disciplina que me cautivó, fue el ciclismo de ruta.

Por: Juan Antonio Hernández

  Recién inicié este mágico oficio llamado “periodismo deportivo”, hace ya 32 años, la primera disciplina que me cautivó, fue el ciclismo de ruta. Mi acercamiento periodístico a ella, fue la cobertura de la llamada “Vuelta de la Juventud”, la que me convirtió en ferviente admirador de quienes, a partir de ese momento, considero súper hombres, los ciclistas.

Imaginen ustedes lo que representa para ellos poder ganarse un lugar, en algún equipo, inscrito para correr la competencia deportiva más demandante del planeta, y una de las de mayor glamour, “La Tour de Francia”.

Bueno pues, de aquella citada competencia mexicana, “La Vuelta de la Juventud 1988”, salió lanzado al estrellato del ciclismo, incluido el tour francés, Miguel Arroyo Rosales, tras ganar a sus 22 años esa vuelta a México. Hasta ese momento sólo un mexicano más había participado en la prueba reina del ciclismo mundial, Raúl Alcalá. Y entrada la década de los 90, nuestro país ya tenía dos compitiendo entre “la crema y nata” de los pedalistas.

Para entonces, mientras Alcalá lideraba su equipo, el PDM, Miguel Arroyo, “El Halcón de Huamantla”, era el gregario del campeón del mundo y campeón defensor del Tour, Greg Lemond.

Ambos ciclistas azteca entregaron el alma en la campiña francesa. Alcalá , el de Monterrey, ganando etapas; y el de Tlaxcala, trepando como nadie, haciendo que su equipo y su líder ganara la competencia.

Ahí lo obtuvieron todo, incluido el reconocimiento de la afición mexicana, a grado tal que, don Ricardo Salinas Pliego, presidente de Grupo Salinas, tuvo a bien crear la Ruta México, después llamada Ruta Azteca, en la segunda mitad de esa década de los 90.

Esa vuelta al país, comenzó a cautivar a la afición, la que desbordada en las calles y carreteras por las que pasaba, dividieron su pasión apoyando, unos a Raúl Alcalá y otros a Miguel Arroyo. Ahí, en la Ruta Azteca, surgió una rivalidad entre estos dos grandes del ciclismo nacional, que llegó incluso a las miradas cruzadas y nunca un saludo si quiera. El mano a mano entre el regiomontano y el huamantleco no comenzaba en la salida de cada etapa, ni terminaba en la meta. Había realmente una lucha codo a codo por conquistar a la afición mexicana. Aunque, felizmente, como muchas historias de rivalidades deportivas, finalizadas sus respectivas carreras, ambos titanes de la bicicleta terminaron siendo amigos y hasta compadres. Y esa rivalidad le regaló a México el amor por este fantástico deporte que provocó el surgimiento de nuevo talento y miles de practicantes amateur.

Este año, tristemente, me tocó presenciar el reencuentro de estos dos grandes, de estos dos súper hombres, Alcalá y Arroyo, en el funeral del segundo. “El Halcón” emprendió “la fuga”, con el vuelo sobre las montañas que siempre lo caracterizaron como extraordinario trepador, mientras sus hijos, Fernando y Miguel, le siguen los pasos en la profesión.

Alcalá, por su parte, sigue preparando talento y, sobre todo, entrenando a ciclistas aficionados, quienes han convertido al ciclismo en Monterrey, en el “New Golf”, el deporte de moda, en la nueva activación física aspiracional y que brinda estupendas relaciones públicas y comerciales.

Así pues, ahora que ha iniciado La Tour de Francia, recordamos y honramos a estos dos gigantes del deporte mexicano, quienes tuvieron el privilegio, corazón y talento, para dejar ganar la gloria en “Le Tour”.

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