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03 junio, 2018
Azteca Deportes

Las dos muertes de Moacir Barbosa | Historias Mundialistas

El arquero de la Selección de Brasil no pudo con la pena de ser señalado como el culpable del Maracanazo

Ciudad de México. Un día antes de la final del Mundial de Brasil 1950, Moacir Barbosa era el hombre más querido en el país amazónico, gozaba de un amor de parte de los hinchas que nadie podía presumir.

Sin embargo, su vida cambió en menos de 45 minutos; ese amor se convirtió en un odio que no lo dejó dormir por el resto de su vida. ¿El motivo? Barbosa recibió el segundo gol de Uruguay a los 79 minutos del tiempo corrido, con el que se coronó en el mismísimo Maracaná y, de acuerdo a todos los habitantes de Brasil, él fue el culpable por haberse comido el gol.

Al minuto 79, Alcides Ghiggia tomó el balón, se quitó a Bigode y cuando parecía que iba a centrar, disparó a puerta y sorprendió a Barbosa. Esa distracción le costó ser señalado y determinó su ‘muerte’ futbolística. “Llegué a tocarla y creí que la había desviado al tiro de esquina, pero escuché el silencio del estadio y me tuve que armar de valor para mirar hacia atrás. Cuando me di cuenta de que la pelota estaba dentro del arco, un frío paralizante recorrió todo mi cuerpo y sentí de inmediato la mirada de todo el estadio sobre mí", explicó.

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A partir de ese día, la vida no fue la misma para Moacir, el portero vivió con la mancha de aquel error que lo marcó para siempre. “Míralo, hijo, este hombre fue quien hizo llorar a todo el país”, le dijo una madre a su pequeño, cuando se encontraron al portero en un mercado de Brasil en 1970.

Tiempo después, cuando el estadio Maracaná renovó sus porterías, Moacir se llevó los postes de madera de la portería maldita. Los destrozó y con ellos hizo un asado con sus amigos en el barrio Ramos, en Leopoldina, la zona norte de Río de Janeiro, para exorcizar los demonios de aquella tarde.

Pero ni eso logró que la gente y los fantasmas siguieran persiguiéndolo. El 7 de abril del año 2000, Moacir murió, y un día después de su fallecimiento un diario brasileño tituló: “La segunda muerte de Barbosa”. Y vaya que tenía razón.