El Real Madrid llegó a su onceava semifinal en las últimas 13 temporadas de la Champions League. Eliminó a un Chelsea que lo intentó, que mostró indicios de resucitar, pero su falta de contundencia y la calidad de los jugadores merengues, terminaron por darle el pase al club dirigido por el italiano Carlo Ancelotti. Esto es lo que aprendimos de la victoria de club blanco.
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La contundencia fue el mejor amigo del Madrid
Al minuto 50, Camavinga conducía el balón en medio campo. Reece James, al intentar quitarle el esférico le cometió una plancha directa al tobillo. El jugador merengue se retorció en el campo del dolor, en una falta que ameritaba claramente la tarjeta roja. El silbante perdonó al jugador y el Chelsea tuvo una oportunidad para anotar en la siguiente jugada, pero la desperdició.
No así el Real Madrid que minutos después, tras un desborde a velocidad de Rodrygo, abrió el marcador para sentenciar la serie. La contundencia, que a veces tantos problemas le ha causado al cuadro merengue, fue clave en estos 180 minutos.
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Al momento del gol, el Chelsea había acumulado 10 remates en el partido, el doble del Real Madrid. En un respiro, en una equivocación, como suelen hacerlo en Champions League, los blancos no perdonaron.
Vinicius, el jugador inteligente
Quizá en otro momento hubiéramos visto a Vinicius rematar a gol mucho más que en estos días. Quizá lo hubiese hecho en el gol de Rodrygo. Pero prefirió detener la pelota, observar cuál era su mejor opción, y devolver a su compatriota, quien anotó el tanto.
Todo eso en milésimas de segundo.
Vinicius hoy es un jugador sumamente inteligente en el ataque. Su crecimiento en las últimas dos temporadas ha sido monstruoso. No remata a puerta si ve una mejor opción, y cuando lo hace tiene una mayor efectividad que en el pasado.
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Su calidad técnica hace que el balón se haga diminuto cuando lo conduce y ejecuta su serie de fintas en frente de los rivales. Es un gran acompañante y ha mejorado en su definición. Es uno de los mejores jugadores del mundo en esa banda izquierda.
Ni la mejor versión del Chelsea pudo con un Madrid tajante
El partido de vuelta de los cuartos de final de la Champions League ha sido uno de los mejores que le hemos visto al Chelsea en esta temporada. Jugó perfecto durante prácticamente 60 minutos. Solo le faltó contundencia para poner al Madrid contra las cuerdas, pero oportunidades para remontar, las tuvo.
Al Real Madrid le bastaron lapsos de lucidez para catapultarse a las semifinales. Los latigazos de Vinicius, los movimientos y contundencia de Rodrygo, la soltura de Fede Valverde y la autoridad de Militao, fueron suficientes para dar un aviso a los otros tres equipos que estarán en semifinales. Los merengues están capacitados para no perdonar, para nunca morir, y para resolver con cualquier migaja de oportunidad que les es dada.