Los apellidos mayas, como Ek´ (Estrella), Canché (Serpiente de palo) o Poot (Araña de Patas Grandes), tienen su origen en los nombres propios de los ancestros. Al unirse una pareja, se fusionaban el primer nombre de la madre y el del padre para formar el apellido de sus hijos, preservando así el linaje. Los investigadores los clasifican en categorías como animales, plantas, objetos y elementos naturales. Según datos de 2010, municipios como Valladolid y Motul en México concentran gran parte de esta herencia: en Valladolid el 92% de la población tenía ambos apellidos mayas, mientras que en Motul el 66%. Para los especialistas, la pervivencia de estos apellidos tras casi 500 años de la conquista representa una resistencia ancestral y un símbolo de identidad cultural.