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Por amor a la precisión | Chilpancingo, crisis orgánica del Estado

No es una crisis cualquiera, lo que pasó en Chilpancingo tras el asalto de “Los Ardillos” es un reflejo de la crisis orgánica que vive el Estado mexicano.

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No todo está dicho. Mucho se ha hablado sobre los hechos en Chilpancingo: desde los detalles del levantamiento popular hasta la reunión de la alcaldesa Norma Otilia Hernández con “Los Ardillos”.

Pero poco se ha dicho sobre el grave problema estructural que se dejó ver con el destape de la cloaca en Chilpancingo: el Estado vive una de las peores crisis de su historia, por encima de las debacles económicas. ¿No me creen? Vámonos por partes.

Crimen organizado… ¿el Estado rebasado?

En primer lugar están las declaraciones del presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO), sobre el asalto a Chilpancingo: el crimen organizado tiene “bases sociales”.

“En algunas localidades la delincuencia organizada tiene bases, al grado que cuando aterrizan aeronaves con cocaína y hay vigilancia, el Ejército y la Guardia tienen que actuar rápido porque alguna gente protege a delincuentes… (en Chilpancingo) llegaron a postular candidatos y a ganar presidencias municipales; tenían, y en algunos lugares todavía tienen, autoridades que ellos impulsaron”, dijo el mandatario.

Esto no sólo es un reconocimiento público de las limitaciones del Estado en municipios como Chilpancingo, sino, además, como lo había advertido el director del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN), Guillermo Valdés Castellanos, en tiempos de Felipe Calderón: la delincuencia tiene bases.

Chilpancingo: ¿crisis orgánica del Estado?

Y ustedes dirán: ¿Qué tiene de extraordinario que el narco de Chilpancingo tenga bases sociales? La respuesta la escribió el sociólogo italiano, Antonio Gramsci, hace casi 100 años: se pone en jaque la organización del Estado.

Para Gramsci, el fracaso de la clase dirigente en alguna empresa política (como las policías en el estado de Guerrero) o el movimiento abrupto de las masas (como la insurrección en Chilpancingo) son dos elementos que pueden constituir una crisis del Estado en su conjunto. Ni más ni menos.

Es decir, que la mañita en Chilpancingo tenga bases sociales significa que pueden alterar el orden estructural del Estado en favor del narco y el crimen organizado.

Esto explica por qué la presidenta municipal de Chilpancingo, Norma Otilia Hernández, se mostró tan vulnerable y desesperada en su audiencia con “Los Ardillos”, pues dejó de ser autoridad en medio de esta crisis orgánica del Estado. Chale chale chalequito.

La reivindicación: el uso legítimo de la violencia

Entonces, frente a esta crisis que trasciende lo político, social y económico, solo queda una cosa: devolver a la normalidad el estado de las cosas. No confundir “represión” con el uso legítimo de la violencia que le corresponde a las autoridades y no a los narcos.

Esto es fundamental para revertir la crisis orgánica que se vive en municipios como Chilpancingo, Zacatecas, Guanajuato y Chihuahua. Pero el balance es delicado, hay muchas cosas en juego. ¿Ustedes qué opinan?