En la Sierra de Guerrero, ya no se vive, se sobrevive. La pobreza extrema, el hambre y la violencia del crimen organizado han aislado a las comunidades como la de Arroyo del Mango.
En una casa de madera, vive Abelina, quien apenas tiene dinero para alimentar a su pequeño nieto Daniel, de un año. Hay días en los que una olla de frijoles es lo único que pueden comer, sin saber si esa misma suerte se repetirá al día siguiente.
Pero el hambre no es el único problema. De acuerdo con autoridades, en los últimos 10 años más de 80 indígenas han sido asesinados y alrededor de 2 mil 200 personas han sido desplazadas por la violencia.
Entre el miedo y la falta de oportunidades, familias enteras se han visto obligadas a abandonar sus hogares, con la esperanza de tener un futuro mejor.