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Cadena perpetua para jugadores de rugby… por no guardar su ira

Cinco jugadores de rugby que mataron a Fernando Báez Sosa fueron condenados a cadena perpetua; un momento de irá los llevó a este final de sus vidas.

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Fernando Báez Sosa. Joven de 18 años, argentino, estudiante de Derecho de la Universidad de Buenos Aires. Fue a divertirse a un antro con amigos, estaba de vacaciones. A unos kilómetros de distancia, una mamá con una punzada en el corazón, escribe un mensaje para saber de su hijo.

La respuesta: estoy bien. “Mami, te quiero”.

Esa fue la última comunicación que tuvo con su hijo. Lo siguiente que supo de él, es que estaba muerto. Desafortunadamente se encontró con un grupo de jóvenes, jugadores de rugby; yo más bien les llamaría: una máquina de golpes.

Si nos vamos cronológicamente, el incidente comenzó al interior del antro a las 4 de la madrugada. Había mucha gente y un cantante a quienes todos querían ver en primera fila.

Comenzaron los empujones, intercambio de miradas retadoras y soltaron los primeros puños.

Entre gritos de “lo vas a matar”, jugadores de rugby acabaron con una vida

Debido a la discusión, los encargados del local los expulsaron a todos. A Fernando, sus amigos y al grupo de atletas. Una discusión, que afuera, sin intervención de nadie escaló. Ninguno superaba los 20 años, ese 18 de enero de 2020.

Fernando se convirtió en el blanco de los jugadores de rugby llenos de ira, que lo golpearon hasta matarlo.

Dicen los testigos, que tampoco hicieron nada más que grabar con sus teléfonos, que los agresores gritaban: “pégale, dale, lo vas a matar”. Lo lograron.

Una vez que notaron que no tenía signos vitales se fueron a celebrar su hazaña y a comer hamburguesas. Se jactaban de decir que dejaron en alto el nombre de la ciudad de la que proviene el grupo de jóvenes salvajes.

¿Será que no entendieron que le arrebataron su único hijo a una familia? ¿Será que no entendieron que acabaron con la vida de un joven que tenía sueños e ilusiones? ¿Será que pensaron que jamás habría consecuencias?

La justicia tardó dos años. Pero llegó.

El veredicto para tres de los agresores es de 15 años en prisión. Para los otros cinco es cadena perpetua. ¡Vaya manera de acabar con sus vidas!

Atención jóvenes mexicanos: que esto sirva de ejemplo. Guárdense la ira cuando haya alcohol y fiesta, no vale la pena sacarla.