El 25 de agosto de 2011, un comando armado irrumpió en el Casino Royale de Monterrey, Nuevo León, provocando un incendio que cobró la vida de 52 personas, entre ellas dos mujeres embarazadas. A 15 años de la tragedia, la impunidad persiste: la mayoría de los procesados aún no tienen sentencia definitiva, y solo Jesús Alejandro García González ha sido condenado, con una pena de 218 años por homicidio calificado y asociación delictuosa. Las familias de las víctimas continúan exigiendo justicia, mientras en el lugar de los hechos se mantiene un memorial en su memoria.