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Defender por defender: ¿privilegio, clasismo o etiqueta?

¿Quién realmente es el clasista?, ¿quien sin entender pretende defender a quien no se siente ofendida , o quien trata a su empleada con respeto e inclusión?

En días recientes, el nombre de Andrés Guardado ha sido tendencia en redes sociales. Y no precisamente porque “el Principito” esté jugando su quinto mundial, o por su liderazgo dentro de la Selección Mexicana; sino por ser acusado de abusar de su privilegio y cometer un acto clasista, por aquellos que quieren defender a quien no requiere defensa.

Resulta que tanto Guardado como su esposa, la influencer Sandra De la Vega, cometieron el "terrible error" de llevar a su empleada doméstica, Luciana Ramírez, al mundial de Qatar. Porque ya saben, ¿cómo una trabajadora del hogar tendría derecho a conocer otros lugares y compartir mesa con sus jefes? ¡Ay, no qué barbaridad, hasta dónde ha llegado la sociedad!

Luciana Ramírez, trabaja con la familia Guardado cuidando a sus hijos desde hace ya varios años. ‘Ushi’, como le llaman de cariño, ha sido tan bien recibida por los cuatro integrantes, que es bastante común que vaya a donde sea que los Guardado tengan que ir, ya sea por compromisos laborales de Andrés y Sandra, o incluso de vacaciones.

No entienden que no entienden: los resentidos

Pero ahora resulta que, por una foto que la influencer publicó con sus hijos y Luciana Ramírez afuera de un estadio en Qatar, muchos resentidos salieron de sus cuevas digitales para tachar a Sandra de clasista pues

“exhibía a su trabajadora”, o incluso, tuiteaban y comentaban contra la propia Luciana, victimizándola, ofendiéndola y estereotipándola como “Mary”, sin darle el lugar que le corresponde.

Y aquí yo digo, ¿quién realmente es el clasista?, ¿quien desde su pobre perspectiva trata de defender a alguien que para nada se siente ofendida con el estilo de vida que lleva ni con el lugar que ocupa dentro de una familia privilegiada, o quien entiende que su empleada es también una persona que merece respeto, trato digno e inclusión?

En vez de rasgarse las vestiduras por “el penosísimo” actuar de Sandra De la Vega, deberían hacer hacer dos cosas: Primero, hacer una autoevaluación sobre cómo tratan a sus empleados domésticos o a los que tienen en su círculo (a ver si muy buenos patrones), y en segundo lugar, hacer algo por quienes realmente sí necesitan ayuda.

Recordemos que en México, 99 de cada 100 mujeres que trabajan de empleadas del hogar lo hacen sin un contrato, además de que solo 4 de cada 100 tienen acceso a servicios de salud y el promedio de paga por hora es de 38 pesos, mucho menos que un salario mínimo en México. Tampoco podemos ignorar los casos en los que las empleadas son explotadas porque “son de planta” o porque “es trabajo que una sola persona puede hacer”.

Ahí sí, estas personas, que si tuvieran a Andrés Guardado o a Sandra De la Vega cara a cara, seguramente no les dirían nada de lo que les escriben, deben desquitar toda su furia, y luchar por derechos laborales dignos para todos.

Más allá de discriminar directamente, el verdadero clasista es todo aquel que no se permite imaginar una vida digna para cierto tipo de personas. ¿O ustedes qué piensan?