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La deshumanización del migrante, ¿dónde quedó el mexicano solidario?

Se nos olvida que más de 11 millones de mexicanos viven en otros países, que la migración no solo es cosa de centroamericanos y que también hemos querido huir.

Hasta hoy, 40 migrantes han fallecido y 27 más resultaron heridos a causa del incendio del 27 de marzo, ocurrido en una celda del centro de detención del Instituto Nacional de Migración, ubicado en la frontera de Ciudad Juárez con Estados Unidos.

Sin duda, es uno de los hechos más lamentables en cuanto a materia migratoria en México, que se conozcan hasta ahora.

Si de por sí, saber de esta desgracia fue impactante, ver el video, lo fue aún más. Bastaron unos cuantos segundos para estremecernos ante la crueldad de las autoridades de seguridad. Porque la indiferencia muchas veces es más dañina que cualquier otra tortura.

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Ver cómo los agentes abandonaban aquel cuarto, ignorando a los migrantes tras las rejas a punto de quemarse con el fuego, es una muestra de la frialdad que aqueja en estos tiempos a la sociedad.

No estamos hablando de un acto de seguridad o de protocolo, sino de la deshumanización de 67 personas. Seres vistos como una carga; una masa sin derechos y con toda la obligación de estar a merced de las autoridades, coyotes, polleros y crimen organizado, a lo largo de su travesía por México.

Más allá de una nacionalidad, de la condición económica o de las faltas administrativas que hubieran cometido, los migrantes merecían, en primera instancia, ser provistos de agua y comida, así como ser sacados de esa celda en llamas.

Los migrantes no vienen a México por gusto, ni para saquear a los mexicanos, mucho menos para imponer alguna ideología absurda. Es más, ni tienen planeado quedarse aquí porque su meta es Estados Unidos. Pero como estamos acostumbrados a ser el patio trasero de nuestros vecinos, agachamos la cabeza y cedemos ante cualquier capricho, imitando, incluso sus malas mañas, cuando de discriminar a los migrantes se trata.

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La crisis migratoria ha sacado lo peor de nosotros. ¿Dónde quedaron los buenos tratos al extranjero? ¿La hospitalidad? ¿La solidaridad? ¿O ya solo nos hacemos amigos de los europeos y de los gringos?

Se nos olvida que más de 11 millones de mexicanos se han ido a otros países, que la migración no solo es cosa de los americanos del centro y del sur, y que en algún momento alguno de nosotros o de nuestros seres queridos pudiera tener la necesidad de dejar México para llegar a un lugar desconocido.

Así que, querido lector, evitemos normalizar el maltrato a los migrantes, porque al final de cuentas todos somos, en algún modo, extranjeros y migrantes.