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La izquierda en Colombia se aferra al poder: Petro no acepta resultados electorales

El rechazo de Petro a los resultados electorales que le dan la victoria a Abelardo de la Espriella provoca lo que puede ser una crisis en Colombia.

La democracia en Colombia está viviendo uno de sus momentos más oscuros y tensos tras las recientes elecciones presidenciales. La tormenta comenzó a armarse desde la primera vuelta, cuando el abogado y outsider de derecha, Abelardo de la Espriella, sacudió el tablero político al superar al candidato de la izquierda, Iván Cepeda. Esa misma noche, lejos de aceptar el golpe en las urnas, el presidente Gustavo Petro sembró la duda sobre el conteo de votos y se negó rotundamente a reconocer los datos oficiales.

Las cosas pasaron de castaño a oscuro tras la segunda vuelta. Aunque De la Espriella consolidó su triunfo y salió con un discurso conciliador asegurando que gobernaría para todos, desde el Palacio de Nariño la respuesta fue un portazo. A través de sus redes sociales, Petro encendió las alarmas con un mensaje directo y sin filtros: el gobierno saliente no reconoce la legitimidad del nuevo mandatario porque, según él, De la Espriella simplemente no ganó.

La reacción del presidente electo fue igual de contundente. Al ver que se pisoteaba la voluntad popular, De la Espriella rompió relaciones de inmediato y ordenó congelar el proceso de empalme y transición. No se guardó nada: acusó a la administración de Petro de ser un “gobierno corrupto” que busca destruir al país y denunció que el presidente y Cepeda activaron un “Plan B” para quedarse en el poder a través de un golpe de Estado.

El mismo libreto de siempre: no saber perder

Lo que hoy tiene a Colombia al borde de un ataque de nervios no es una novedad; es la ejecución de un manual político que la izquierda latinoamericana lleva dos décadas perfeccionando cuando los números no le favorecen.

El primer gran recuerdo de esta estrategia nos lleva a México en 2006, cuando Andrés Manuel López Obrador rechazó su derrota presidencial, mandó al diablo a las instituciones y se autonombró “presidente legítimo” en pleno Zócalo. Años después, en 2019, Bolivia vivió un escenario similar cuando una auditoría de la OEA destapó el fraude en la re-reelección de Evo Morales, provocando una ola de protestas que obligó al mandatario a huir del país en un avión militar mexicano.

Pero los capítulos más radicales de este guión se escriben en Venezuela y Nicaragua. En el terreno venezolano, el chavismo proclamó ganador a Nicolás Maduro en 2024 ignorando las actas que demostraban el triunfo de Edmundo González. Mientras tanto, en Nicaragua, Daniel Ortega llevó las cosas al extremo en 2021 al meter presos a los siete rivales de la oposición que podían ganarle, tachándolos de traidores para asegurar su permanencia. La parálisis que hoy sufre Colombia demuestra que, en la región, cuando los votos no alcanzan, el recurso favorito sigue siendo desconocer las urnas.

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