La realidad en La Guaira se divide hoy entre quienes se aferran a un milagro y quienes ya transitan el camino de la resignación. En Caraballeda, la esperanza tiene el nombre de Lucas Gámez, el niño que quedó atrapado bajo las ruinas de un edificio y que hoy está cumpliendo sus 9 añitos.
A pesar de los días transcurridos y de no tener certezas sobre su estado dentro del edificio colapsado, su familia mantiene la fe intacta de que sigue con vida; incluso, su padre, Marco Gámez, le envió un conmovedor mensaje directo al pequeño con la esperanza de que pueda escucharlo.
Mientras tanto, la otra cara de la tragedia se vive en el puerto de la entidad, donde se tuvo que improvisar una morgue ante la magnitud del desastre. Allí, los familiares ya solamente se aferran a la dolorosa necesidad de recuperar los restos de los suyos para darles el último adiós. Una de ellos es María Mejía, quien tras doce días de trabajo incansable, escarbando prácticamente con las uñas, logró sacar de los escombros el cuerpo de su hermano.
El número oficial de fallecidos tras los terremotos de Venezuela sigue en aumento a la par de una larga lista de desaparecidos que, por el momento, ni siquiera entran en las estadísticas del gobierno. En las calles, la poca presencia de rescatistas internacionales evidencia que la emergencia ha entrado en una fase crítica, donde la prioridad empieza a ser la limpieza de escombros y la recuperación del terreno, mientras comienzan a evaluarse los multimillonarios daños económicos que ha dejado esta catástrofe.