“Voy a llorar”. Hay personas que llevan una hoja para conseguir una firma; otras revisan el celular cada minuto; algunas ya saben lo que le van a decir a Pablo Alborán cuando lo tengan enfrente, aunque probablemente, cuando llegue el momento, los nervios les hagan olvidar todo.
Fans de Pablo Alborán lo reciben en el aeropuerto en CDMX
La espera está planeada. Lo primero que se escucha es un “¡ya viene, ya viene, voy a llorar, no puedo creerlo!”. Las expresiones cambian por completo, los nervios se hacen evidentes: algunas chicas se tapan la boca por la impresión, otras mueven las piernas sin poder quedarse quietas y hay quienes no pueden contener las lágrimas.
El ambiente cambia por completo. Pablo Alborán está ahí, “por fin en México”, dice y comienza a saludar a cada una de las integrantes del Club de Fans Oficial. Un beso en la mejilla, un abrazo, una fotografía.
Gestos que podrían parecer pequeños para quienes los miran desde fuera, pero que adquieren otro significado para quienes llevan tiempo soñando y esperando ese momento.
No hizo falta que cantara una canción para que los teléfonos aparecieran. Tampoco que las fans se amontonen para conseguir una fotografía. Pablo se acerca y se toma su tiempo con cada una.
En medio de la emoción, el abrazo deja de ser solo una imagen para guardar: se convierte en un instante que las fans pueden vivir sin prisas, aunque dure apenas unos segundos.
El momento se presta para quienes no lo conocían personalmente y tuvieron la oportunidad de acercarse, conversar un poco con él y entregarle obsequios.
Hay cartas, globos, cuadros y otros detalles preparados por todo el club. Cada regalo lleva consigo algo más que un objeto: las horas dedicadas a prepararlo y las ganas de hacerlo llegar hasta sus manos.
El amor de Pablo Alborán a México
La manera en que Pablo recibe esos obsequios forma parte de lo que las fans se llevan de ese momento. Para ellas, no se trata solamente de entregarle algo, sino de ver cómo recibe aquello que prepararon con tanta ilusión.
Detrás de cada espera hay un grupo de personas que, año tras año, se prepara con meses de anticipación para recibirlo, apoyarlo y compartir su música con más personas. Para muchas de esas personas significa organizarse, pensar en los detalles y encontrar la manera de acompañar a un artista cuya música forma parte de sus vidas.
Antes de la foto, del abrazo y de las palabras que a veces los nervios no dejan pronunciar, está todo el tiempo que cada una pasó imaginando ese momento.
No se trata solamente de escucharlo cantar, sino de esos momentos en los que pueden tenerlo cerca y descubrir al hombre que hay detrás del artista. Y quizá ahí está una de las razones por las que tantas personas vuelven a esperarlo año tras año.
