Lo que está pasando en Francia y en varias ciudades europeas, no son simples marchas violentas contra el encarecimiento de la vida diaria y la falta de recursos, son miles de personas manipuladas, muchas de ellas jóvenes, por un sistema que les enseñó a estirar la mano y exigir dádivas a un gobierno populista acostumbrado a recibir sin dar y ahora está colapsado.
Esta situación ya fue criticada por la propia Marine Le Pen, líder de la extrema derecha en Francia, quien también se perfila para contender en las elecciones presidenciales de 2027.
“Tenemos un poder cronista agotado, sin aliento, desorientado, que parece incapaz de hacer otra cosa que comentar su propia impotencia y, diría yo, su propia decadencia”, explicó en el marco de las marchas.
Los recursos se le terminaron al Estado populista y ya no le alcanza, ya no hay dinero suficiente para sostener sus promesas. Porque el capitalismo no es el culpable, pero sí la excesiva intervención del Estado que al controlarlo todo, lo encarece.
¿Por qué marchan en Francia?
Es cierto que los franceses tienen más dificultades para comprar una vivienda, acceder a educación de calidad, construir un presente económico estable, pero los subsidios que dio el Estado populista encarecen los productos y agravan los problemas que ya tiene la sociedad francesa.
“Francia se encuentra, sin duda, al borde de un efecto bola de nieve de la deuda, donde el aumento de la carga de intereses supera la capacidad de absorción de nuestro crecimiento económico y la inflación”, sostuvo Le Pen.
Más de 4 mil detenidos y cientos de negocios fueron destruidos en ciudades como París, Lyon y Marsella, mientras el Estado trata de lavarse las manos y no atacar las causas del problema que es su intervencionismo y restricción a la competencia.