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México y la deuda pendiente con sus mujeres

La violencia contra las mujeres en México no son cifras, son historias reales. En una sola semana, varios casos evidencian la urgencia de justicia y el fracaso en su protección.

No te voy a dar estadísticas. No voy a hablarte de porcentajes ni de gráficas que suben y bajan. Te voy a hablar de mujeres reales. De mujeres que hicieron todo “bien”, que siguieron las reglas, que intentaron sobrevivir en un país que les está fallando.

Rubí Patricia Gómez no salió a buscar problemas. Salió a buscar a su hijo, a su propio hijo, reportado como desaparecido. Era madre buscadora en Sinaloa. Mientras ella recorría caminos, levantaba piedras y preguntaba por otros hijos, nadie la buscó a ella para protegerla. La encontraron. Fue asesinada. Así, sin más. Una mujer que buscaba vida terminó perdiendo la suya.

Ana karen Nute tenía 19 años. Déjame repetírtelo: 19 años. Salió de noche y pensó lo que tantas hemos pensado: “Voy a usar una app de transporte, así estoy más segura”. Mandó su ubicación, avisó a sus contactos, subió a esa moto. El sistema registró el viaje como terminado. Pero Ana Karen nunca llegó a su casa. Después la encontraron muerta. Hizo lo correcto. Confió en el sistema. No fue suficiente.

Kimberly Ramos fue a la universidad a estudiar, a prepararse, a construir su futuro. La última vez que alguien la vio estaba dentro de su propia escuela. Un espacio que debería ser seguro. Días después fue localizada sin vida en otra zona. El Estado que debió cuidarla no la cuidó. Tampoco la escuela pudo protegerla.

Y luego están Doña Juanita y Evelyn, una abuela y una niña de 13 años. Trece. Fueron asesinadas en Puebla con arma punzocortante. ¿Cuándo? Después de un carnaval. Después de reír, de bailar, de festejar. Porque en este país hasta la alegría puede tener un precio que las mujeres pagan con su vida.

Todo esto pasó en menos de una semana.

Mientras lees estas líneas, alguna familia en México acaba de recibir una noticia que le va a romper la vida para siempre. Yo no te pido mucho. Te pido una sola cosa: que no te acostumbres. Que sientas lo que debes sentir. Coraje. Dolor. Indignación.

Que lo digas en voz alta. Que exijas justicia. Porque el día que esto ya no nos mueva, ese día les fallamos a Rubí Patricia, a Ana Karen, a Kimberly, a Doña Juanita y a Evelyn, que tenía 13 años y toda una vida por delante.

Esto es México, donde demasiadas mujeres le lloran a sus hijas.