Un momento que fue pensado para la gloria, terminó en escándalo mundial, durante los Juegos Olímpicos de Invierno 2026.
El protagonista fue Sturla Holm Laegreid, uno de los nombres más sólidos del biatlón mundial. A sus 28 años, acababa de conseguir su primera medalla olímpica, un bronce en la exigente prueba individual de 20 kilómetros. Un logro enorme, histórico e irrepetible.
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Sin embargo, frente a los micrófonos, la celebración se transformó en otra cosa. Con la voz quebrada y sin que nadie se lo pidiera, Laegreid decidió hablar de lo único que realmente le importaba en ese momento:
Confesó que había sido infiel a su pareja. Que se lo dijo hace apenas una semana. Y que, tras esa conversación, la relación terminó. No fue una respuesta preparada ni una estrategia mediática. Fue un desahogo incómodo, y doloroso e indignante al mismo tiempo. Una sensación muy extraña.
“Hace meses conocí al amor de mi vida… y luego cometí el mayor error que alguien puede cometer”, admitió, dejando claro que la medalla había pasado a un segundo plano.
That's one way for Norway's Sturla Holm Laegreid to try to get his girlfriend back at the #WinterOlympics 🫣
— Yahoo Sports (@YahooSports) February 10, 2026
The bronze medalist confessed to cheating in his post-race interview 😬 pic.twitter.com/vssHPdMYC8
Cuando el deporte ya no alcanza para taparlo todo
Lo más impactante no fue solo la confesión, sino el momento elegido. En pleno escenario olímpico, sabiendo que millones estaban mirando, el noruego asumió lo que él mismo llamó un “suicidio social”. Dijo que prefería cargar con el juicio público antes que esconderse.
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“No voy a abandonar esto”, explicó después. “Asumo lo que hice y me arrepiento de todo corazón”. Palabras que no buscan excusas ni aplausos, únicamente hacerse cargo de sus actos.
En la clasificación, Legreid terminó por detrás de sus rivales directos y se quedó con el tercer lugar. Pero esta vez, el mundo vio algo distinto: un campeón vulnerable, roto y muy humano.
