La actividad física y una alimentación equilibrada suelen ocupar el centro de las recomendaciones para vivir más años. Sin embargo, existe otro hábito cotidiano que muchas personas continúan dejando en segundo plano y cuya ausencia puede afectar prácticamente a todo el organismo.
Especialistas en longevidad advirtieron que dormir mal de manera frecuente puede acelerar procesos relacionados con el envejecimiento. El descanso interviene en la reparación de tejidos, el metabolismo, la memoria y el funcionamiento del sistema inmunológico. Por esta razón, entrenar con frecuencia no compensaría por completo los efectos de acumular noches de sueño insuficiente.
¿Por qué dormir mal puede acelerar el envejecimiento?
Durante la primera mitad de la noche predomina el sueño profundo. En esta etapa se produce uno de los principales picos de la hormona de crecimiento, vinculada con la reparación de tejidos, y aumenta la actividad del sistema glinfático, encargado de retirar diferentes sustancias de desecho del cerebro.
En la segunda parte adquiere mayor protagonismo el sueño REM. Esta fase participa en la consolidación de la memoria, el procesamiento de las experiencias y la plasticidad cerebral. Interrumpir constantemente ambos ciclos reduce el tiempo disponible para que el cuerpo complete estos procesos.
La falta crónica de sueño también se encuentra relacionada con inflamación de bajo grado. Una revisión sistemática publicada en Biological Psychiatry encontró asociaciones entre los problemas para dormir y marcadores inflamatorios como la proteína C reactiva y la interleucina-6.
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Una sola noche sin dormir bien puede afectar al organismo
Los primeros cambios pueden aparecer mucho antes de lo imaginado. Un estudio publicado en Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism analizó a nueve adultos sanos después de una noche normal y otra limitada a cuatro horas de sueño.
Los resultados mostraron que la restricción redujo aproximadamente un 25% la sensibilidad periférica a la insulina. Esto significa que una sola noche con descanso insuficiente puede alterar temporalmente la manera en que el organismo procesa la glucosa.

La evidencia a largo plazo también es contundente. Una revisión que reunió datos de más de 5.1 millones de personas relacionó el sueño corto con mayor riesgo de diabetes, hipertensión, obesidad, enfermedades cardiovasculares y mortalidad. Las asociaciones fueron más claras entre quienes dormían menos de seis horas.
Dormir poco también afecta el entrenamiento y la recuperación
Realizar ejercicio continúa siendo indispensable, pero no sustituye las horas de descanso. Dormir poco puede modificar la respuesta hormonal, afectar la síntesis de proteínas y dificultar la recuperación muscular después de una sesión intensa.
“Sin dormir bien, el resto de estrategias pierde efecto. Es nuestra forma de repararnos, y trabaja por fases que se distribuyen de forma desigual a lo largo de la noche”, explica la Dra. María Fernández, del equipo de Clínica Neleva.
Además, la falta de sueño perjudica la concentración, los reflejos y la coordinación. En deportistas adolescentes, un metaanálisis sobre sueño y lesiones encontró que quienes descansaban mal de manera crónica tenían 58% más probabilidades de sufrir una lesión.

No obstante, la evidencia en atletas adultos todavía no es concluyente. El sueño debe entenderse como una parte del proceso de recuperación junto con la alimentación, la planificación de cargas y el acondicionamiento físico.
¿Dormir mal envejece más que no hacer ejercicio?
La ciencia confirma que dormir mal y mantenerse inactivo perjudican la longevidad, pero todavía no permite asegurar que uno envejezca más que el otro en todas las personas. Ambos comportamientos afectan al organismo mediante mecanismos diferentes y pueden potenciarse cuando aparecen al mismo tiempo.
Una investigación publicada en el British Journal of Sports Medicine encontró que las personas con sueño deficiente y sin actividad física moderada o vigorosa presentaban 57% más riesgo de mortalidad frente a quienes dormían bien y se mantenían activos.
Por este motivo, la recomendación no consiste en elegir entre dormir o entrenar. Mantener horarios regulares de sueño, descansar al menos siete horas y realizar actividad física semanal son hábitos complementarios. Descuidar cualquiera de ellos puede terminar reduciendo los beneficios obtenidos con el otro.
