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Cuando el poder político se metió a la cancha: las polémicas deportivas de Nicolás Maduro

Maduro intervino en polémicas decisiones técnicas, conflictos internacionales y resultados, convirtiendo la cancha en un espacio de confrontación política

 Las polémicas deportivas de Nicolás Maduro

La captura de Nicolás Maduro durante la madrugada del 3 de enero de 2026, tras una operación encabezada por Estados Unidos, no solo marca el cierre de uno de los regímenes más largos y controvertidos de América Latina. También reabre el debate sobre una faceta poco convencional pero constante de su gobierno: la instrumentalización del deporte, en especial del fútbol, como extensión del discurso político y del control institucional a través de polémicas.

Durante más de una década en el poder, Maduro mantuvo una relación directa y muchas veces conflictiva con el deporte venezolano. Lejos de limitarse a mensajes simbólicos o apoyo institucional, el mandatario intervino públicamente en decisiones técnicas, conflictos internacionales y resultados deportivos, convirtiendo a la cancha en un espacio más de confrontación política.

La eliminación del Mundial

Uno de los episodios más representativos ocurrió tras la eliminación de la selección venezolana de futbol en las eliminatorias rumbo al Mundial. Luego de una derrota contundente ante Colombia que dejó sin opciones a la Vinotinto, Maduro lanzó críticas directas al cuerpo técnico y cuestionó el rumbo del equipo. Horas después, la Federación Venezolana de Fútbol anunció la salida del entrenador y su equipo de trabajo, en una decisión que fue interpretada dentro y fuera del país como una intervención política directa en una estructura que debería operar de forma autónoma.

Roces con rivales

Las tensiones no se limitaron al ámbito interno. En partidos de eliminatorias disputados en Caracas, delegaciones extranjeras denunciaron trabas logísticas y administrativas tras los encuentros. El caso más sonado fue el de la selección de Bolivia, que acusó retrasos injustificados para abandonar territorio venezolano, generando un conflicto que trascendió lo deportivo y escaló a nivel diplomático.

Maduro también utilizó los enfrentamientos futbolísticos como plataforma para discursos políticos. Tras partidos disputados en Perú, el entonces presidente denunció públicamente supuestos actos de discriminación y hostilidad contra jugadores y aficionados venezolanos, elevando el tono del conflicto y trasladando la narrativa del juego al terreno ideológico.

Cuando los resultados fueron favorables, el discurso cambió. Los logros de selecciones juveniles y equipos nacionales fueron presentados por el gobierno como consecuencia directa de las políticas del régimen. En repetidas ocasiones, Maduro atribuyó los éxitos deportivos a su modelo de Estado, diluyendo el protagonismo de entrenadores, deportistas y procesos formativos que se desarrollaron, en muchos casos, pese a la crisis estructural del país.

Nicolás Maduro vs Diego Armando Maradona

La relación del mandatario con figuras históricas del deporte también fue utilizada como símbolo político. Su cercanía con Diego Armando Maradona, uno de los apoyos internacionales más visibles del chavismo, fue recurrentemente expuesta como muestra de legitimidad ideológica. Incluso después de la muerte del astro argentino, Maduro emitió declaraciones polémicas que generaron incomodidad y críticas en el entorno futbolístico internacional.

Señalamientos de conspiración en el béisbol

El futbol no fue el único escenario de conflicto. En el béisbol, deporte emblemático en Venezuela, el gobierno reaccionó con dureza cuando el país perdió la sede de la Serie del Caribe, acusando a los organizadores de decisiones políticas y conspiraciones externas, en lugar de reconocer los factores institucionales y logísticos señalados por la propia organización.

Especialistas y exdirigentes deportivos han coincidido en que, bajo el mandato de Maduro, el deporte venezolano quedó atrapado entre la precariedad estructural y el control político. La presencia de funcionarios afines al régimen en federaciones y clubes, así como la falta de transparencia en la gestión, debilitó la confianza en las instituciones deportivas y alejó al deporte de su función social y competitiva.

Hoy, tras la caída del mandatario, el deporte venezolano enfrenta una doble tarea: reconstruir sus estructuras y recuperar su autonomía. La historia reciente deja una lección clara: cuando el poder político invade la cancha, el juego deja de ser solo deporte y se convierte en otro campo de disputa.

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