Monte Everest
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10 mayo, 2021
GABRIEL MARTÍNEZ RUBIO
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Trágico y mediático: 25 años del desastre del Everest

En 1996 murieron ocho personas en la montaña más alta del mundo, producto de una serie de malas decisiones, historia que prevalece en la memoria popular.

El morbo que hasta el día de hoy sigue despertando la hazaña de subir la montaña más elevada del mundo, el Everest, sigue vigente en los lectores, fascinados por las historias de aquellos que alcanzan la cima, pero también por los que se quedan en el intento.

El Everest ha registrado a lo largo de su historia dentro del alpinismo un total de 291 muertes, tan trágicas para este deporte extremo como para los cercanos a las víctimas del monstruo asiático. Pero hay un suceso (no el más catastrófico ni el que más vidas cobró), ubicado entre las anécdotas más preciadas de la memoria colectiva.

Alpinistas Everest 1996
El País

De la desgracia han pasado exactamente 25 años. Estos acontecimientos marcaron un antes y un después en el Everest, y ocurrieron entre el 10 y 11 de mayo de 1996. Murieron ocho personas atrapadas en dos diferentes caras de la montaña: cinco fallecieron en el lado sur y tres más en el norte.

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El best seller Mar de Altura, publicado por el periodista y alpinista Jon Krakauer documenta este par de sangrientos días. El libro le dio un impulso colosal a la historia, que en cuanto a hechos, en teoría debería ser opacada por otras que han sido aún más funestas. Como cuando en 2014 murieron 16 personas en la puerta de acceso al Everest, o cuando en 2019 un atasco inaudito en la antesala de la cima, ocasionó una fila nunca antes vista para alcanzarla, y ahí perdieron la vida nueve personas.

De cualquier forma, lo ocurrido hace un cuarto de siglo impactó en la manera en que se concibe el alpinismo y ayudó en determinar las precauciones necesarias para que eso no vuelva a ocurrir, o por lo menos en hacer que el riesgo descienda a lo mínimo posible.

Hace 25 años, la tragedia

La catástrofre del 10 y 11 de mayo de 1996 no quedó en las páginas. En 2015 fue replicada en una película que lleva el nombre de la montaña: Everest.

Las estadísticas meteorológicas anunciaban mal tiempo para esos días. Sin embargo, 34 alpinistas atacaron la cumbre. Algunos renunciaron al ver las condiciones, pero otros siguieron el camino a su tumba.

Scott Fischer, Everest

Ese error, acompañado de la ausencia de cuerdas fijas en puntos cruciales, El Balcón (8.350 metros) y el Escalón Hillary (8.750 metros), sentenciaron a un grupo que perdió el tiempo en momentos clave y terminó acusando la falta de oxígeno artificial, algo que pudo haber salvado algunas de esas vidas.

Hoy en día, un grupo de aproximadamente 25 pobladores de la zona de Nepal, conocidos como sherpas, se dedican exclusivamente a la colocación de cuerdas fijas desde las faldas hasta la cima de la montaña, además de que cientos de tanques de oxígeno son esparcidos en los campos de altura.

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Scott Fischer, guía de Mountain Madness, y Ron Hall, de la empresa Adventure Consultants pagaron con su vida la toma de malas decisiones hechas ese día, junto con dos de sus clientes y otro guía, Andy Harris, quien se resistió a abandonar a una de las víctimas en un momento de agonía.

Los hechos de 1996 han desembocado una calentura a nivel mundial por alcanzar la cima, lo que quedó en evidencia en el embotellamiento de 2019. Un fenómeno que coloca al Everest como un titán de alta peligrosidad, pero por el que muchos, dada la comercialización excesiva, están dispuestos a atacar como si de una aventura en un parque de diversiones se tratara.