El Instituto Nacional Electoral (INE) vuelve a colocarse en el centro del debate por actuar bajo un evidente doble rasero: mientras ignora el flagrante despliegue de campañas adelantadas de figuras oficialistas, la infiltración de recursos del crimen organizado y las violaciones a los tiempos electorales, concentra su energía en amordazar y censurar la sátira política que incomoda al partido en el poder.
La contradicción resulta evidente al contrastar la severidad contra los contenidos independientes frente a la total tolerancia otorgada a programas de la televisión pública, como Operación Mamut, producidos con recursos del erario para ironizar y atacar sistemáticamente a las voces opositoras al régimen sin que el órgano electoral mueva un solo dedo.
#INECensor | ¿INE o censor incómodo con la crítica?
— Azteca Noticias (@AztecaNoticias) September 2, 2026
Mientras el @INEMexico hace caso omiso de campañas anticipadas y posibles irregularidades en el financiamiento político, ahora busca frenar un programa de sátira que cuestiona a Morena (@PartidoMorenaMx) y al poder.
En… pic.twitter.com/SdXsefTRAE
Esta política de prohibir palabras, censurar promocionales y exigir la modificación de logotipos o discursos críticos que señalan el tráfico de influencias y los excesos de la autoridad expone a un árbitro que, en lugar de velar por la equidad democrática, actúa con una complacencia servil hacia el oficialismo. Voces de la oposición y de la sociedad civil han denunciado que el instituto parece estar haciendo el “trabajo sucio” de Morena para proteger la imagen del gobierno, retrocediendo a épocas de control estatal y olvidando que su función es garantizar la libertad de expresión frente a las arbitrariedades del poder.