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Este pequeño país entre Ucrania y la OTAN es el puente que Rusia pretende usar para frenar la expansión de la UE

Una operación de la inteligencia rusa busca desestabilizar a Moldavia mediante campos de entrenamiento militar, la compra masiva de votos y la manipulación religiosa.

Marchas en Moldavia a favor de la adhesión a la Unión Europea
|Getty images

El periódico estadounidense The New York Times realizó una investigación sobre una de las operaciones de desestabilización más complejas al margen del conflicto en Ucrania, el Servicio de Inteligencia Militar de Rusia (GRU) orquestó un plan integral para derrocar al gobierno prooccidental de la presidenta Maia Sandu en Moldavia, un país de Europa Oriental con apenas poco más de dos millones de habitantes.

Investigaciones periodísticas, documentos judiciales e informes de inteligencia revelaron la existencia de campos de entrenamiento en Serbia, Bosnia y Rusia, donde reclutas moldavos fueron adiestrados para provocar disturbios violentos, manejar explosivos e interferir en los procesos electorales de su país.

La estrategia del Kremlin no se limitó a la agitación en las calles. La operación combinó ciberataques contra la Comisión Electoral Central de Moldavia, una sofisticada red de compra de votos que involucró a más de 150,000 personas y el pago directo a cientos de sacerdotes ortodoxos para emitir propaganda contraria a la Unión Europea desde los púlpitos. El objetivo central de Moscú, según revelan mandos militares, apunta a fracturar las alianzas de la OTAN y la UE utilizando a Moldavia como plataforma de avance estratégico.

Los entrenaban en el extranjero

La investigación detalló que, durante los meses previos a elecciones clave en Moldavia, el GRU organizó campamentos encubiertos bajo la apariencia de complejos turísticos o campamentos juveniles. En Serbia y en las afueras de Moscú, jóvenes moldavos recibieron pagos de unos $400 dólares para entrenarse en el uso de fusiles de asalto, chalecos antibalas, fabricación de explosivos caseros y el manejo de drones modificados para lanzar granadas:

Los reclutas tenían la encomienda de actuar como "tropas de choque" para romper cordones policiales e incitar disturbios durante las jornadas electorales en la capital, Chisinau.
La compra masiva de votos fue dirigida por el magnate pro-ruso en el exilio Ilan Shor, quien desde Rusia operó una estructura piramidal respaldada por una empresa de servicios financieros en Skolkovo.
La red empleó más de 240 chatbots en la plataforma Telegram para coordinar a más de 35,000 activistas, distribuyendo cerca de $20 millones de dólares para promover la abstención o el voto contra las iniciativas europeístas.

Sobornaron a sacerdotes para promover la ideología

También penetraron en la Iglesia Ortodoxa. Cientos de sacerdotes moldavos fueron trasladados a Rusia bajo el formato de peregrinaciones. A su regreso, los religiosos firmaban contratos respaldados por el banco estatal ruso Promsvyazbank para recibir transferencias mensuales de $1,000 dólares a cambio de difundir discursos de odio antioccidental y llamar al rechazo de la integración a la Unión Europea durante sus misas.

A pesar de que las fuerzas de seguridad moldavas lograron desactivar gran parte de los disturbios y la victoria electoral del partido de la presidenta Maia Sandu se consolidó gracias al voto en el extranjero, la ofensiva rusa ha cambiado de táctica. Ataques recientes con misiles y drones rusos contra la infraestructura energética en la vecina Ucrania han dejado a Moldavia a oscuras y con severos cortes en el suministro de agua potable, demostrando que la presión geopolítica sobre el pequeño país europeo continúa activa.