Hacer cuentas a la hora de cargar combustible se ha convertido en un auténtico ejercicio complejo financiero para los automovilistas mexicanos. Lejos de la narrativa habitual sobre los subsidios y los estímulos aplicados al Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS), los datos revelan una realidad incómoda y onerosa: México paga más por la gasolina que las potencias mundiales.
De acuerdo con un análisis difundido por el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), México ocupa el nada honroso segundo lugar en tener la gasolina más cara entre los doce países que más consumen este recurso a nivel global, promediando unos nada despreciables 1.64 dólares por litro.
⛽ México tiene la segunda gasolina más cara entre los 12 países que más consumen: 1.64 dólares por litro. Solo Alemania paga más. En la región de Norteamérica, tanto Canadá como Estados Unidos cuentan con gasolina más barata. El precio reportado incluye los estímulos al IEPS. https://t.co/O7YN1dwfyt
— IMCO (@imcomx) October 2, 2026
Para poner en perspectiva este panorama, el contraste regional resulta evidente y "doloroso" para el bolsillo nacional. Tanto Estados Unidos como Canadá (nuestros socios directos en Norteamérica) ofrecen precios por litro notablemente más bajos, a pesar de compartir cadenas de suministro y dinámicas de mercado similares.
De hecho, en el selecto grupo de los grandes consumidores evaluados, la única nación que logra superar los costos registrados en territorio mexicano es Alemania, una potencia europea con un nivel de ingreso per cápita diametralmente distinto.
Estímulos fiscales y la paradoja del consumo
La gran interrogante que surge tras conocer estas cifras es dónde quedan realmente los supuestos beneficios de los estímulos fiscales gubernamentales.
Mientras los consumidores experimentan de primera mano el impacto inflacionario cada vez que acuden a una estación de servicio, las comparaciones internacionales desmoronan la idea de que México cuenta con un combustible accesible.
Así, mientras las potencias vecinas disfrutan de tarifas más amigables para el transporte y la industria, el automovilista mexicano continúa pagando el costo de una paradoja económica donde consumir más no se traduce, precisamente, en mejores precios.
